Al cine con las gafas moradas: embarazos que lo fastidian todo

Introducción

He vuelto, soy la misma, yo otra vez, sí, la de Déjame que te cuente. Ahora con la sección Al cine con las gafas moradas, pero no se lo digáis a nadie porque voy a usar seudónimo. Solo las que lean esto sabrán la verdad. Ahora soy Grace Grease, nombre peliculero a tope -por lo menos a mí me hace pensar en el cine- y además con las iniciales queda chistoso: G.G.

Grace es por Grace Kelly, esa actriz de Hollywood tan guapa, tan rubia, tan buena (es que siempre hacía papeles de buena); la que dejó su exitosa carrera de actriz para casarse con un príncipe azul de verdad: Rainiero de Mónaco. Se casaron en 1956, ella se retiró del cine y se puso a parir, como no podía ser de otra manera. Sus hijas, que eran más o menos de mi edad, salían mucho en las revistas del corazón y yo seguía con atención sus modelitos, sus fiestas, sus novios. ¡Uy, que me enrollo! Esto parece lo de Déjame... Y Grease, ¿por qué será? Por favor, si conocéis a alguien que no haya visto esta película presentádmelo; seguramente es lapón, menonita o de Corea del Norte.

Esta vez el rollo va de CINE: voy a comentar pelis que haya visto. Pero sobre todo me voy a fijar en cómo nos manipula el patriarcado capitalista, buscando todos los machismos que pueda encontrar, de ahí lo de Al cine con las gafas moradas o lilas o violetas, (hasta en el color no se ponen de acuerdo las pesadas de las feministas). Son esas gafas que algunas nos hemos puesto hace poco y que te hacen ver las cosas de-toda-la-vida como las de por-qué-tengo-que-aguantar-yo-esto.

Llevo unos días rumiando temas y hay muchas pelis en las que los personajes son tan del rollo patriarcal que empiezas a entender todo lo que nos pasa. Algunas serán pelis muy conocidas, antiguas, y otras lo serán menos y puede que no las hayáis visto, así que aviso: habrá spoilers, no queda otra. También quiero advertir de que seguramente me deje algún machismo gordo, de los de manual; y no digamos micromachismos: no soy una entendida, ya os digo que llevo poco tiempo con las gafas y me he tragado auténticas ruedas de molino como la cosa mas natural del mundo. Aunque oye, a lo mejor pasa lo contrario y me pongo en plan ofendidita.

Espero no cabrear a nadie, es una visión personal. Solo trato de expresarme, de aclarar ideas, de adaptarme a los tiempos o lo que más me gustaría: haceros pensar. No como yo, si no en cosas que nunca habíais pensado y a lo mejor el mundo os parece mas amable, mas humano y menos raro (esto último es de La Cabra mecánica, de su canción: La lista de la compra).

Muchas gracias por vuestra atención.

Un cordial saludo,

G.G.



EMBARAZOS QUE LO FASTIDIAN TODO


Las películas de las que os voy a hablar tienen algo en común: en la época en la que ocurren todavía no se había inventado la píldora del día después. Bueno, en algunas a lo mejor sí y en otras seguro que no (estoy casi segura de que en el siglo XVIII aún no existía), pero en cualquier caso las mujeres que salen en estas películas no se habían enterado. En todas hay embarazos no deseados: embarazos que hacen sufrir a la embarazada en cuestión y ya de paso a ti desde tu butaca del cine o desde el sofá de tu casa. Mujeres que se quedan preñadas y creen que tener un hijo en ese momento no es lo mejor que les podría pasar. ¿En cuántas películas dicen eso de “eres lo mejor que me ha pasado” saliendo de la boca de una mujer dirigiéndose a su hija o su hijo? Yo creo que por lo menos en diez o doce y eso que yo no veo las de después de comer.


Las Pink Ladies, aunque no tan inocentes, aceptaran en su panda a la candorosa Sandy y tratarán de que baje de las nubes; mientras que por otro lado Danny tendrá que disimular con sus amigotes, no vayan a creer que está enamorado.

Empecemos fijándonos en Grease (la peli que me ha dado el apellido), una película del año 1978, el mismo de la Constitución. Ambientada en los años 50, en el típico High School americano, Grease marcó un antes y un después en la temática adolescente. Lo tenía todo: institutos, primer amor y además, musical. Sandy (Olivia Newton John) y Danny (John Travolta) se enamoran durante las vacaciones de verano. Lamentablemente, va a ser difícil volverse a ver, ya que viven en ciudades muy alejadas. Pero, ¡oh sorpresa!: la familia de Sandy se tiene que trasladar repentinamente y acaban en el mismo instituto sin saberlo. Ella es la inocente chica nueva y él tiene que conservar su fama de malote. Las Pink Ladies, aunque no tan inocentes, aceptaran en su panda a la candorosa Sandy y tratarán de que baje de las nubes; mientras que por otro lado Danny tendrá que disimular con sus amigotes, no vayan a creer que está enamorado. Ya desde el principio ellos tienen la típica conversación de chicos -que si te la tiraste y esas cosas, cantando claro- y ellas de chicas -que si estoy enamorada, ¿pagó él la cena?-.


Pero bueno, para centrarnos en el tema: ¿os acordáis de Rizzo? La “mala”, la del pelo negro y los pantalones apretados y a la que le gustaba hacérselo con el mas malote de la panda. Pues cree que se ha quedado embarazada. Como es una peli en tono simpático y casi que infantil, al final el embarazo se queda en susto, pero ya te la han metido: me refiero a la idea de lo arriesgado de practicar sexo. Si eres chica, claro, si eres chico te lo pasarás pipa contándoselo a tus amigotes.

En Dirty Dancing, que ya es para adolescentes y del 87, nueve años después, la que se queda embarazada casi la palma. Ambientada en un campamento de verano en los 60, una niña un poco pija aunque idealista y soñadora se enamora del monitor de baile. Su padre, muy democrático y todo eso, no ve con buenos ojos que su hija se lie con alguien obligado a trabajar en verano, un currante, vaya. Total que Baby (vaya nombrecito) alterna con los monitores que viven en cabañas apartadas sin decirle nada a sus padres. Para colmo Patrick Swaize, el sujeto pasivo del amor de nuestra protagonista (a él ni se le pasa por la cabeza) es experto en coreografías que pueden herir la puritana sensibilidad de aquellos tiempos. Y de nuevo viene el embarazo que lo fastidia todo. La chica con la que baila esas guarrerías y con la que pensaba presentarse a un concurso, otra curranta, es la que se queda embarazada y decide abortar. Le buscan un sitio siniestro o un médico clandestino, no me acuerdo muy bien, y se pone muy mala. Baby decide avisar a su padre, que resulta que es ginecólogo, aún sabiendo que le va a caer la del pulpo. Todo acaba fenomenal: la del aborto se recupera, Baby aprende a bailar, y sus padres les ven y se dejan arrastrar por el ritmillo. En fin, luchas generacionales y de clase, canción pegadiza... Como consecuencia, una de las pelis más famosas de la historia.


La vida les obliga a ser malos porque para ellos practicar sexo es lo más importante en sus vidas: es algo que les empodera, no como a nosotras que nos embaraza.

Y siguiendo esta línea de desgracias cada vez mayores, en Los idus de marzo (2011) la pobre embarazada la palma del todo. La culpa es de George Clooney y Ryan Gosling, a los que les perdonamos todo, pero a la chica (Evan Rachel Wood) que la den. Da un poco de pena que se muera porque es muy guapa y muy joven, pero solo es una guarrilla que se anda acostando con cualquiera. Esta peli puede que no la hayáis visto, no la han pasado por la tele todas las Navidades, como pasa con las otras, así que os cuento: Stephen es el brillante asesor de campaña del gobernador demócrata de Illinois, al que admira profundamente y con el que comparte ideología. Se trata de conseguir la candidatura presidencial para 2004. Pero la política es cruel, y la mentira y la traición son algo habitual. Stephen se verá envuelto en una trama que pondrá a prueba su ética profesional y le desmontará la imagen que tiene de su jefe. Recomendable si os gustan con mucha intriga. Es un poco liosa, de las que no te puedes ir a mear porque cuando vuelves ya han pasado un montón de cosas. Como siempre, las mujeres protagonistas son unas pringadas y los chicos son súper inteligentes, con súper autoestima, te caen súper bien... solo que la vida les obliga a ser malos porque para ellos practicar sexo es lo más importante en sus vidas: es algo que les empodera, no como a nosotras que nos embaraza. Como veréis el mensaje siempre es: cuando estés echando un polvo acuérdate de que te puedes quedar embarazada.

En fin. Son pelis hechas en la época en la que el patriarcado campaba a sus anchas, ahora ya no. Me da un poco de risa, aunque creo que algún día no sonará tan futurista. Y si no, id a ver Retrato de una mujer en llamas. Recién salida del horno, se estrenó este año que acaba de terminar. Está ambientada en 1770: Marianne es una pintora que recibe el encargo de hacer un retrato de la joven Hèloise para que su futuro marido se vaya haciendo una idea de cómo es. Ella se niega a posar y la madre le explica a la pintora que ni siquiera debe enterarse de que la están retratando, ya que Hèloise no quiere contraer matrimonio con un desconocido por mucho nivel económico que tenga. Esto obligará a Marianne a pintar el retrato a escondidas y de memoria, solo a base de observarla durante los ratos que pasan juntas. Aquí aparece el último embarazo que he visto en el cine; no es el tema central, ni mucho menos, pero ahí lo dejan. La embarazada es la empleada doméstica de la casa. Tiene muy claro que no quiere tener un hijo y aborta sin mayor problema que el físico. Aunque no se dan muchas explicaciones: a todo el mundo le parece normal. Nadie la intenta convencer de que lo tenga y al padre ni se le nombra. Además sirve para que veamos y disfrutemos de la sororidad entre mujeres. No importa que una sea artista, la otra criada y la otra la señora de la casa, todas ellas son cómplices.


Esta si me atrevo a recomendarla. Gustará mucho a los que disfrutan con imágenes bellas, con la música, con la pintura de un cuadro al óleo y sobre todo con ver y casi sentir cómo se pueden amar dos personas. Una película maravillosa.