Si no nos dejáis participar, nos montamos nuestro sarao: así nació el Congreso Ontologías Feministas

Berta Gómez Santo Tomás


Tras anunciarse la celebración del LVI Congreso de Filosofía Joven -un congreso histórico que este año lleva por título “ontología millennial de la divina juventud”- también se hizo público que incluiría una mesa redonda sobre feminismo. Pero quizá por las prisas, quizá porque los altos vuelos de la filosofía no podían detenerse en detalles tan nimios como este, lo cierto es que se olvidaron de que ellas hablaran: todas las propuestas excepto una iban a ser presentadas por hombres.


Fue entonces cuando estalló la polémica: un grupo de feministas aguafiestas -como se denominan a sí mismas, tomando la idea de feminist killjoy de Sara Ahmed- decidió invertir su tiempo y energía en arruinar el congreso, es decir, en exigir que hubiera paridad en el programa. Frente a la tibia respuesta del Congreso, que se mostró reticente y solo accedió a hacer cambios como consecuencia de la presión pública y de algunos ponentes, este mismo grupo de aguafiestas decidió contraprogramar el evento.


Nace así -más por obligación que por ninguna otra cosa- un congreso alternativo, una forma de resistencia que reclama no solo paridad, sino que el feminismo deje de ser un tópico académico de moda sobre el que discutir. No se trataba solo de incluir a más mujeres, sino de incorporar una nueva perspectiva desde la que organizarse, discutir y pensar sobre el presente.


Por los distintos motivos que explicáis en vuestro manifesto, el Congreso Ontologías feministas nace como reacción al Congreso de filosofía joven. Sin embargo, durante unos días luchasteis por entrar en este espacio ¿Cuándo y cómo decidisteis contraprogramar el evento? ¿Dónde está el límite o dónde lo pusisteis vosotras?


El Congreso Ontologías Feministas surge como reacción a la escasa sensibilidad feminista que demostró la organización del congreso oficial, en Santiago. Sin embargo, esta no es una medida que nos haya gustado tomar. Creemos que esa clase de espacios deberían ser lo más plurales posibles y que hemos de hacer todo lo posible por reconquistarlos, así que cuando detectamos los problemas del congreso de Santiago nuestra primera opción fue hacérselo saber. Decidimos desistir cuando comenzaron a darnos respuestas poco adecuadas a nuestras exigencias tanto en forma como en contenido, negando que existiera ningún sesgo en su programación. Por otra parte, accedieron a cambiarla cuando su key speaker del momento (Ernesto Castro) se negó a acudir a menos que lo cambiaran. Nos pareció que ese cambio no tenía una motivación feminista real, sino que respondía al miedo. Con todo, queremos reconocer que la organización se ha disculpado públicamente y ahora tiene un programa paritario.


Para las que nunca han estado en uno, ¿Cómo son normalmente los congresos de filosofía (joven o no)?


Los congresos de filosofía —y cualquier disciplina humanísitica— son algo decepcionantes, salvando unas pocas excepciones. Generalmente hay una serie de invitades que dan conferencias plenarias (profesorado, gente con experiencia, pensadores reconocidos) y una sección de mesas para investigadores más jóvenes y doctorandes. Las conferencias plenarias pueden ser más o menos interesantes, pero la dinámica que más nos disgusta es la de las mesas: las investigaciones se presentan en un tiempo muy corto —diez o quince minutos para una investigación completa—y a menudo da la impresión de que nadie se escucha entre sí, sino que se espera el turno para hablar y así tener una línea más en su currículum académico. Tampoco suelen darse debates en los diez o quince minutos que se dan para ello después de cada mesa. Así que la impresión que nos da es la de acumulación de conocimiento e incomunicación, no de un debate real.


Estuve entrevistando a Sara Ahmed hace unas semanas en Barcelona y me decía que para romper el silencio dentro de estas estructuras académicas tan cerradas, así como lo que ella denomina "la felicidad institucional", lo más importante es el apoyo entre compañeras. ¿Estáis de acuerdo? ¿Cómo se conjuga en vuestro proyecto esta idea?


Estamos totalmente de acuerdo. Aunque la rabia y la reacción son las emociones que habitualmente lideran la crítica o cualquier revolución, creemos que una revuelta feminista debe distinguirse de las demás en una apuesta por los cuidados y el apoyo entre nosotras. Hemos intentado tener esto en cuenta a la hora de organizar nuestro congreso y generar un espacio amable para ponentes y asistentes, además de incluir en él un punto morado y una serie de dinámicas que favorezcan la comunicación y la sororidad. Además, nos gustaría que tanto Ontologías Feministas como sus organizadoras, participantes y asistentes pudieran generar una suerte de red para la difusión y el apoyo entre nosotras.


En vuestro manifiesto, habláis de ciertas dinámicas académicas: publicar papers por cumplir con los objetivos del grupo de investigación, asistir a congresos a leer una ponencia sin escuchar a los demás, perpetuación de jerarquías y sesgos en la organización de congresos, incapacidad para el debate real, etc. ¿Se trata de un enquistamiento que va más allá de la organización concreta de este u otro congreso y que afecta a toda la filosofía como disciplina universitaria?


Es triste, pero así es. La estructura universitaria hace que para conseguir cosas como la acreditación de un profesor, becas o estancias tengas que generar una cantidad enorme de material, intervenir en muchos congresos, impartir un gran número de horas de docencia o cumplir con una serie de objetivos que, generalmente, te apartan de tu propia investigación o bien te hacen llevar un ritmo muy frenético y poco saludable. Pareciera como si la carrera académica se hubiese convertido en un espacio más de competitividad empresarial, en el que demuestras tu resistencia y tu capacidad de centrarte y trabajar bajo presión; algo que nos parece alejado del ritmo que exige el pensamiento, lento, cuidadoso e improductivo (al menos en sus primeras fases). Es una dinámica que afecta a la totalidad de la filosofía académica en el ámbito español y que nos gustaría revertir de alguna manera. En cualquier caso, no nos gustaría lanzar un mensaje exclusivamente pesimista: si bien esta es la tónica general, hay espacios dentro y fuera de la academia que tienen el mismo interés que nosotras en generar otro tipo de dinámicas, y la gran mayoría de nuestras compañeras sienten el mismo desdén que nosotras hacia éstas. Por ello, creemos que, con una organización de ese pesimismo generalizado, podemos hacer cambios significativos, o al menos intententarlo.


No solo reclamáis una organización paritaria, sino un cambio de perspectiva en la forma de entender la práctica filosófica: más relacional, contextual, centrada en atacar los problemas y no solo en reflexionar sobre ellos desde la nostalgia inoperante. Y lo mismo puede aplicarse al feminismo: no reducirlo a un tema, a una simple mesa, sino convertirlo en una perspectiva desde la que acercarse a la realidad ¿Cómo resumiríais vuestro(s) abordajes de la disciplina?


Aunque la separación de teoría y praxis puede ser necesaria o productiva, creemos que encajonar el pensamiento en una reflexión separada de sus objetos es poco interesante y le arrebata gran parte de su potencial reflexivo. Del mismo modo, recusamos las posturas que se acercan a los problemas propios de una sociedad capitalista, neocolonial y heteropatriarcal desde el cinismo y el descontento. Creemos que el pensamiento, máxime en el feminismo, debe abordar los problemas fundamentales desde la interdisciplinariedad y la atención a todos los agentes sociales y culturales de los que trata. Si bien disciplinas como la crítica artística puede arrojar por sí mismas resultados interesantes —más allá del mero comentario o la conversación con artistas—, nos disgusta un modelo académico en el que se utilizan las obras, los movimientos sociales o cualquier cuestión de actualidad como mera excusa para elaborar un discurso que, por otra parte, es muy consciente de su debilidad y no aspira a realizar ninguna clase de cambio. La labor del pensamiento no es dar respuestas, sino plantear preguntas sobre lo que existe o puede existir, y para ello consideramos mucho más productivo un enfoque en el que estas preguntas no se constituya como un hecho aislado de los objetos sobre los que se pregunta y de aquellas personas que pueden aportar sus propias respuestas.


Decís que la filosofía no se rejuvenece animando un gif de Aristóteles y, de hecho, vuestra contrapuesta no solo propone unas ontologías alternativas, sino también una estética diferente. ¿Qué hay detrás de esta decisión? ¿Cómo se relaciona con dos de los grandes temas que vais a tratar, como son el humor y las nuevas tecnologías?


La estética específica de nuestro congreso refiere continuamente a la del congreso de Filosofía Joven de Santiago. Decidimos tomar la idea de la escultura y el vaporwave, e incluso tomar las líneas de su congreso para trollearlas (otro arte que parece haber sido monopolio masculino). Esta estética se relaciona con nuestros metatemas en función de la ironía y de la aceleración de las imágenes que van implícitas en un mundo atravesado por internet.


Muchas veces salir de los espacios hegemónicos implica también reducir las posibilidades de que un discurso pueda llegar a más gente. ¿Supone un riesgo para vosotras crear espacios excesivamente reducidos?


Para nada. Si bien nos gusta la idea de generar mayorías, creemos que el cuidado y la atención que queremos poner en un evento como el nuestro no admite una masificación excesiva. Más que crear un espacio multitudinario, nos gusta la idea de hacer un evento algo más modesto con una dinámica lo suficientemente interesantes como para que asistentes y ponentes sientan deseos de repetirlo por su cuenta. Por otra parte, las redes sociales nos permiten difundir nuestros textos e ideas más allá de la gente que asista para darle un carácter más público y mayoritario.


Este fin de semana ya habéis organizado los primeros talleres ¿Cómo ha sido la respuesta del público? ¿Es lo que esperabais?


Quedamos encantadas tanto de la participación como de los debates que se dieron en su seno. La Neomudéjar es un espacio muy agradable, diferente al tipo de lugares en los que se suelen hacer esta clase de congresos, lo cual dio lugar a una apertura muy interesante tanto dentro de los talleres como en los momentos de descanso. Estamos realmente contentas con el resultado y tenemos muchas ganas de que llegue el fin de semana.


Y después de este congreso. ¿Qué viene?

Con el volumen de trabajo que esto ha acarreado, no hemos tenido mucho tiempo de pensar sobre ello. Nos resulta atractiva la idea de que nuestra propuesta no sea una mera respuesta, sino que se repita a lo largo del tiempo, pero no hemos valorado aún la posibilidad de que esto suceda, lo cual haremos cuando el congreso finalice y veamos qué acogida ha tenido. Por otra parte, nos gustaría que nuestro gesto sirviera para que otros espacios —mismamente, la próxima edición del congreso de filosofía joven— se plantearan en serio nuestras críticas y reformas y lo aplicaran en su práctica.