Belén Funes: "No creo que el cine pueda cambiar el mundo"

Berta Gómez Santo Tomás / Anabel Alcázar Llamas



Belén Funes se convirtió el domingo en la protagonista de la gala de entrega de los XII Premios Gaudí: La hija de un ladrón, su primera película, se llevó los galardones de mejor dirección, mejor guion y mejor película en lengua no catalana. Y el domingo le espera otra cita en los Goya, por la nominación de Greta Fernández a actriz protagonista y la suya propia como directora novel.

De ella sabemos que nació en Barcelona en el año 1984, que estudió dirección en ESCAC (Escuela Superior de Cine de Catalunya) y guión en EICTV (Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba), y que ha trabajado cómo script y ayudante de dirección en numerosas producciones españolas. Hablamos con Belén para saber quién está detrás de una de las mejores películas del año.

El origen de Sara, el personaje principal de la película, está en Sara a la fuga, tu primer cortometraje. En él aparece una Sara más joven, que desde el centro de acogida en el que vive espera la visita de su padre. ¿Cómo es tu relación con este personaje, de dónde surge y por qué has decidido llevarla hasta un largometraje? ¿Veremos a Sara más veces?

La idea de continuar siguiendo los pasos de Sara en La hija de un ladrón viene de una necesidad mía de dar respuesta a algunas preguntas que tenía en la cabeza. La Sara del corto es una adolescente. Continuar con su historia era una forma de explorar en qué adulto te conviertes cuándo te ha tocado crecer sola, sin referentes. Quería descubrir cómo era Sara ahora, seis años después, qué mujer era, cómo se relacionaba con los afectos y con la maternidad. Creo que La hija de un ladrón es posiblemente el punto y final al personaje de Sara, aunque indudablemente en lo que continúe haciendo siempre se van a encontrar rastros de ella, porque es un personaje que me encanta y al que admiro.

Para escribir el guion de la película imaginamos que hay un trabajo de documentación extenso y laborioso, para no perder nunca de vista la realidad de las chicas que viven situaciones como las de Sara. ¿Cómo es este proceso? ¿Todo lo que vive Sara está basado en historias reales (aunque no sea la experiencia concreta de una sola mujer)?

El proceso de documentación es el más bonito para mí, porque es aquel en el que descubres todos los detalles de la realidad que quieres filmar. Evidentemente, siendo esta mi ópera prima he querido ponerme las cosas fáciles (dentro de lo que cabe) y emplazar la película en ambientes que me son bien conocidos, que no son nuevos ni ajenos. Pero aún así llevamos a cabo un proceso en que nos sentábamos con chicas que habían estado en circunstancias parecidas a las de la protagonista. Les preguntábamos acerca de todo: desde dónde vivían, cómo era su piso, hasta que relación habían acabado teniendo con sus padres. Desde lo más accesorio a lo más esencial, todo nos interesaba. Fue un proceso muy laborioso al que le tienes que meter mucha paciencia.


Cuándo haces una película tienes una hora y media para explicarle al mundo algo que, en este caso, yo pensaba que era invisible. Por lo tanto, y cómo política es todo, la película tiene la vocación de ser una exposición de una problemática social a la que se le debería de poner una solución.

La forma de filmar a Sara es uno de los rasgos más característicos de la película. Es tan intimista y cruda que mientras vemos a una mujer sufrir, sobre todo de soledad, a la vez está presente la impotencia por no poder ayudarla, porque pensamos que la vida que lleva es casi lo mejor que la sociedad va a poder ofrecerle. La exposición de una situación injusta está ahí, ¿tu intención era simplemente mostrarlo o hay también una denuncia política en la razón de ser del film, o incluso una expectativa de que pueda cambiar algo?

Yo no creo que el cine pueda cambiar el mundo, la verdad. Muy pocas veces lo consigue. Lo que sí que creo es que puede cambiar mínimamente al que lo mira, al espectador. Cuándo haces una película tienes una hora y media para explicarle al mundo algo que a ti te importa, para enseñarle un trozo de la realidad que, en este caso, yo pensaba que era invisible. Por lo tanto, y cómo política es todo, la película tiene la vocación de ser una exposición de una problemática social a la que se le debería poner una solución. Lo que no me gusta es aleccionar con lo que hago, pero sí que quería explicar que ésto está pasando.

Muchos textos que hablan sobre la película se refieren a Sara como una mujer luchadora, que consigue salir adelante a pesar de las dificultades. ¿No es esta una visión algo paternalista hecha desde el privilegio? Porque quizá Sara está más cerca de ser una persona desamparada por el Estado, que sobrevive en los límites precisamente gracias a las redes de cuidado que tiene a su alrededor.

No me parecen términos excluyentes. Sara es una persona desamparada por el estado que lucha por la dignidad y que sobrevive porque está rodeada de gente buena. La buena gente atrae a la gente buena.

En cuanto a la fotografía, se trata de una película de imágenes que pueden definirse casi como sucias, con un vestuario de “chandal”, personajes sudados, sin maquillaje, y unas calles y bares que no brillan ni están ordenados. ¿Por qué crees que no solemos ver esta Barcelona en el cine y por qué decidís vosotras mostrarla? ¿Qué referentes trabajaste junto a Neús Ollé, la directora de fotografía?

Esta Barcelona es la Barcelona mayoritaria y, por alguna razón, la más silenciada. Es curioso. Creo que durante mucho tiempo hemos querido venderle al mundo que Barcelona es aquello que queda entre Paseo de Gracia y la Diagonal. Pero también siento que ese cuento de la Barcelona moderna, avanzada, cosmopolita... se ha acabado. De todas formas, no somos los primeros y hay películas que sí que creo que han enseñado Barcelonas muy interesantes cómo Los Tarantos (Borau), En construcción (Guerín), Todo sobre mi madre (Almodóvar) o Biutiful (Iñárritu). Junto con Neus trabajamos alrededor de referentes como los Dardenne, Ken Loach, Andrear Arnold y Pablo Trapero.

Hay muchos productores que creen que no hay mujeres que puedan desempeñar labores técnicas cómo jefas de equipo por el simple hecho de que no las conocen. Por lo tanto lo que debemos es visibilizar este trabajo y por supuesto, apoyarlo, incluirlas en nuestros proyectos.

Albany forma parte de la banda sonora con su canción 'Nadie'. Esta trapera resume una vida de barrio a través de letras que hablan de pobreza, violencia y marginalidad, y hay un conocimiento de esta escena en primera persona : 'Estoy sola en el baño, las manos llenas de sangre. Le rezo a Dios pa no pasar más hambre, ya tuve bastante con haber perdio a mi pare.' ¿Cómo llegasteis hasta ella y por qué la elegisteis para la película?

Llegué a Albany a través de Soundcloud, que es una plataforma que utilizo mucho para descubrir a artistas. A mi me gusta el trap y siguiendo a otros la encontré a ella. Escuché la canción y pensé que casi parecía que la habían compuesto para la película, estaba hecha a su medida. La escogí porque me parece que a Sara le podría gustar Albany, podría conectar con ella porque comparten realidades parecidas.

Greta Fernández es otro de los grandes aciertos de la película, parece que ha entendido a Sara de principio a fin. ¿Siempre pensaste en ella para el papel? ¿Y también en su padre, Eduard Fernández, para que la relación padre e hija tuviera rasgos físicos palpables?

La tuve en la cabeza ya desde la escritura, Greta me parece una actriz increíble. Es magnética pero a la vez le da mucha verdad a lo que hace. Evidentemente, pensar en Greta tiene la consecuencia directa de pedirle a Eduard que le haga de padre. Creo que era un casting muy lógico y que le imprime a la película algo genuino, porque se parecen mucho físicamente y se traspasa con ellos la barrera de la ficción. Son familia, son padre e hija y nadie me puede decir que no.


Vemos en los festivales que hay muy pocas películas dirigidas por mujeres, y eso se cambia con políticas concretas. Creo que está muy bien que se hable de ello pero hay que ponerlo en práctica y lo normal es que ya que somos el cincuenta por ciento, contemos la mitad de las historias". Son las palabras de Carla Simón, directora de 1993. En el equipo de La hija de un ladrón no solo estás tú, sino también muchas mujeres con responsabilidad en la película, y esto es por desgracia algo inusual. ¿Aún genera cierta reticencia en según qué entornos que haya mayoría de mujeres detrás de las cámaras?

Hay una resistencia, sí. Y creo que en gran medida, es fruto del desconocimiento. Hay muchos productores que creen que no hay mujeres que puedan desempeñar labores técnicas cómo jefas de equipo por el simple hecho de que no las conocen. Por lo tanto lo que debemos es visibilizar este trabajo y por supuesto, apoyarlo, incluirlas en nuestros proyectos. Y no porque sean mujeres, sino porque son muy buenas en lo que hacen. Igualmente esta realidad se va cambiando poco a poco y el trabajo de la mujer está cada vez más en la primera línea porque sí, somos el 50% y también queremos poder trabajar.

En referencia al mismo tema, has comentado en alguna entrevista que como directora nunca has tenido la intención de que el trabajo siempre partiera de ti, y que las críticas y correcciones siempre eran bienvenidas. ¿Crees que el hecho de que haya más mujeres cambia también las formas de trabajar en el cine, por ejemplo difuminando esta figura del director (casi siempre asociada a hombres) como el genio creativo incuestionable?

La figura de ese director en la cima con el que nadie puede hablar y al que nadie puede siquiera dirigirse yo creo que está pasada de moda. Según mi opinión, las pelis salen mejor si los trabajos son colaborativos. Un director o una directora siempre es más inteligente si tiene la inteligencia suficiente para escuchar a su equipo, para discutir acerca de cómo se tienen que hacer las cosas o cual es el mejor camino posible para llegar dónde quieres. La inclusión de la mujer en el equipo de rodaje ha traído consigo también una reformulación de los roles y sobretodo una transversalidad en el trabajo que me parece necesaria y además muy apetecible.


La inclusión de la mujer en el equipo de rodaje ha traído consigo también una reformulación de los roles y sobretodo una transversalidad en el trabajo.

Tu nombre aparece en varios artículos o referencias junto al de Celia Rico o Carla Simón como parte de una “ola de mujeres jóvenes cineastas”. Quizá más allá de las historias y las formas de narrarlas, sí que convivís en una contexto de precariedad cultural que marca el trabajo de una forma u otra. ¿Te sientes cómoda con esta clasificación? Y si es así, ¿qué es lo que compartís?

Yo siempre me voy a sentir cómoda al lado de Celia y de Carla porque son dos cineastas a las que admiro. A ellas humanamente y a su trabajo. No sé si estamos delante de una nueva ola, lo que sí que creo es que formo parte de un grupo de amigas, ellas son mis referentes. Incluyo a Mar Coll, a Nely Reguera, a Elena Martín y a muchas más porque en ellas me fijo para hacer mis películas. Compartimos creo un respeto hacia las historias, hacia la verdad que queremos retratar y una sensibilidad con la que queremos conectar con el espectador, sin traicionar nuestra forma de pensar o de entender el cine.

¿Qué supone para ti la nominación al Goya como directora novel, tanto a nivel emocional y de confianza, como de recursos, es decir, de poder hacer más cine en los próximos años?

A nivel emocional es un reconocimiento, con el que a una siempre le gusta contar (no nos engañemos...). Pero el reconocimiento no es sólo para mi, es para todo el mundo involucrado en el proyecto. Te da confianza, te da ganas de seguir, de escribir otra peli, de levantarla. A nivel de recursos no se cómo se traduce. Hay muchos cineastas con películas multipremiadas que tienen problemas para poner en marcha la siguiente. Te lo podré decir en un par de años.