Campofrío, enhorabuena, nos habéis ofendido

Teresa Avendaño

Creo que ya tenemos suficientes chistes hacia grupos discriminados durante todo el año como para que encima tenga que venir una empresa como Campofrío a hacer un anuncio publicitario, con una supuesta moraleja final en donde se concluye que el humor, en tiempos tan difíciles, no deberían arrebatárnoslo. Y resulta que sí, que el humor está muy caro, pero no precisamente por la historia que cuenta Campofrío bajo la dirección de Daniel Sánchez Arévalo. Supongo que todos hemos visto el famoso anuncio: tres minutos que transcurren en una tienda de lujo donde se venden chistes. Chistes a precios desorbitados porque, efectivamente, el humor sale muy caro.

No se puede negar que el equipo creativo de Campofrío ha tenido una idea maravillosa: hacer una crítica en un país en el que denuncian a un humorista por sonarse la nariz con una bandera de España. Sin embargo, a los señores de Campofrío se les ha olvidado un pequeño detalle: añadir este ejemplo a su lista de chistes caros. Han preferido bromear acerca de otras cuestiones como, por ejemplo, que Rober Bodegas aparezca hablando de lo caro que le salió hacer su monólogo en el que hablaba de gitanos. La pregunta es, ¿realmente le salió caro? Le llovieron críticas por redes sociales, llegó a recibir amenazas innecesarias y pidió disculpas por sus palabras racistas. Así que no, no le salió muy caro teniendo en cuenta que la posición de Rober Bodegas sigue siendo exactamente la misma de antes de hacer el monólogo. Estamos en un momento en el que la libertad de expresión pende de un hilo y, a veces, hablar más de la cuenta puede traerte problemas (que se lo digan a Valtónyc, a Cassandra o a Willy Toledo) y, por ello, hacer un anuncio sobre lo necesario que es el humor no es una mala idea. Sin embargo, no todos los caminos son válidos (o, al menos, no deberían serlo). En primer lugar, porque hay chistes que sí son ofensivos y que sí atacan a grupos que están discriminados en la sociedad y, en segundo lugar, porque no todos los chistes se lanzan con buenas intenciones. Siguiendo el ejemplo del monólogo de Rober Bodegas: sus palabras podían ser muy humorísticas pero, lamentablemente, solo perpetuaban una imagen negativa de los gitanos.

Campofrío se ha dado cuenta de que hacer chistes sobre los grupos más débiles es más fácil, más divertido y son un blanco mucho más sencillo. Y, para rematarlo, les cuelgan en la frente el cartel de “ofendiditos” a esos mismos grupos discriminados. Porque no son personas ofendidas de las que te estás riendo, son ofendiditos: una palabra despectiva que deja en ridículo a aquellas personas que solamente están ofendidas. Sin diminutivos con connotaciones negativas. Personas que curiosa y casualmente están siguiendo una lucha dentro de la sociedad para dejar de estar por debajo.

“Los chistes sobre feminismo salen carísimos”. El tema de moda y uno de los más fáciles para atacar no podía faltar en estos tres minutos brillantes. Campofrío, mi enhorabuena. Tal y como imaginabais, las feministas nos hemos ofendido. Felicitaciones porque os embolsaréis unos milloncitos de euros a costa de reíros de uno de los problemas sociales más preocupantes en España. Un país donde no nos protegen y nos matan. Queríais provocarnos y lo habéis conseguido porque, entre otras cosas, algo que no vamos a permitir es que una empresa de vuestro calibre se ría de esta lucha social, se ría de los derechos de las mujeres, se ría de nuestra situación de desigualdad y, para mejorarlo, salgan nada más y nada menos que sufragistas al final del anuncio entre los ofendiditos. Por lo visto, a las feministas solo nos hace falta un buen chiste para que se nos pase toda esta tontería que tenemos en la cabeza.


Pues sí, somos ofendiditas. Además de oprimidas, por cierto. Lo somos y lo seguiremos siendo hasta que un día seamos tantas que la sociedad tenga que dejar de hacer bromas y chistes misóginos, racistas y homófobos.

La culpa de que el humor sea caro es de nosotras, las ofendiditas, metiéndonos a todas en el mismo saco: para Campofrío denunciar a Dani Mateo por un sketch es lo mismo a que nosotras luchemos cada día para que el machismo deje de matarnos. Se pueden hacer chistes sobre lo que nos apetezca porque, según el anuncio de Campofrío, todo vale. Pero no, no todo es igual de válido y, por esto mismo, la humorista Hannah Gadsby se despedía del mundo del humor en su monólogo Nanette. Un discurso que acaba repleto de verdades dramáticas por su condición de lesbiana, un discurso en el que concluye abandonando el humor porque hacer bromas sobre lo perseguida que ha estado a lo largo de su vida solo por su orientación sexual, quizás, no tiene tanta gracia.

Como escribió Barbijaputa para eldiario.es, resulta que luchar por una causa ahora es ridículo. Denunciar un chiste machista es de ser una ofendidita y de ser susceptible a cualquier comentario. Pues sí, somos ofendiditas. Además de oprimidas, por cierto. Lo somos y lo seguiremos siendo hasta que un día seamos tantas que la sociedad tenga que dejar de hacer bromas y chistes misóginos, racistas y homófobos. Un día en el que ya no podremos enfadarnos con estos señores porque sus circunstancias y las nuestras estarán al mismo nivel. Seguid haciendo estos anuncios y seguid haciendo estas bromas porque nos estáis ayudando a ser más y más fuertes.