Cuatro películas de los ochenta que necesitamos ver hoy

Teresa Avendaño


Es cierto que la nostalgia hacia las películas de los 80 –incluso para aquellos que no habíamos nacido en esa época– es indiscutible. Sin embargo, para la periodista Hadley Freeman, autora de The time of my life (2016), no se trata solo de melancolía hacia estos largometrajes, también de las lecciones de vida que nos presentan. Situaciones cotidianas que todavía nos acompañan en el siglo XXI y que están mejor representadas que en las películas actuales. Este ensayo sobre cine es el regreso a unos ideales más feministas, donde las mujeres son protagonistas y tienen su propia historia y las creencias son más progresistas. Freeman hace un análisis sobre nueve títulos que cambiaron la vida a los adolescentes del momento, nueve títulos que predijeron las luchas sociales con las que nos encontraríamos en nuestros días. Aquí, os dejamos cuatro películas de The time of my life de las que aún hay mucho que aprender.

La princesa prometida

Un cuento de hadas donde el amor romántico no es el único amor válido: tiene la misma valía que el amor entre un abuelo y su nieto y la misma valía que el amor y la lealtad por los amigos. Una historia pensada tanto para adultos como para niños, donde los aspectos más cursis de las historias románticas desaparecen y la aventura y la comedia se convierten en el centro de la historia. Tal y como escribe la autora, “es un cuento de hadas para aquellos a quienes les gustan los cuentos de hadas, pero también una autoparodia para los que no; es una película de aventuras para niños y –por una vez– también para niñas, pero sin resultar […] excluyente para ninguno de los dos.”

Además, La princesa prometida (1987) nos enseña que los malos de las películas también piensan con lógica y no son villanos porque sí –como en, prácticamente, todas las películas para niños o, sin irnos muy lejos, todas las películas Disney–. Nos demuestra que estos malos también sienten y tienen fuertes emociones: Íñigo y Fezzik (quienes pretenden matar a la princesa en un principio) se pasan toda la película juntos, demostrándose cariño, protegiéndose, rimando sus frases y conversaciones y mostrando su lado menos malo en compañía. De hecho, durante la historia, ambos personajes deciden alejarse de su lado más oscuro para ayudar a los protagonistas a salvarse.

Por ello, este cuento no es lo que parece. No es una oda al amor eterno heterosexual, es la mezcla de todos los tipos de amor, de todos los tipos de relaciones sin ser unas más importantes que otras o, al menos, así nos lo enseñan los diálogos entre sus personajes: “el amor verdadero es lo más grande del mundo, con excepción de un bocadillo de cordero, lechuga y tomate cuando el cordero es rico y magro y el tomate está en su punto”.

No se habla de esta película como un inicio a la sexualidad femenina y a los problemas que esta conlleva. La historia se centra en Baby, en su perspectiva del mundo, en su forma de concebir el amor y las relaciones.

Dirty Dancing

En los 80, las mujeres también decidían y también abortaban. Una historia con un trasfondo social disfrazada de una típica historia de amor para llegar sin rodeos a un público joven. Una película feminista que nadie supo valorar como lo que realmente fue. No se trataba solo de una chorrada para adolescentes, era algo que iba un poco más lejos. Para empezar, su protagonista, Baby, aparece como una joven que se dedica a leer libros sobre economía de los países subdesarrollados y que se centra en intentar ayudar a los que están cerca de ella. Sin dar muchas vueltas, es la encargada de conseguir el dinero necesario para que su profesora de baile pueda abortar. Algo más importante: es la encargada de contarle a su padre médico, un hombre bastante conservador, que su profesora acaba de abortar y está a punto de morir por el fracaso de la operación. Sin embargo, a pesar de todo, Baby no es representada como una salvadora o heroína. Simplemente es una joven que ha abierto los ojos y está descubriendo las complicaciones de la vida adulta y los fallos que tiene el mundo.

Es cierto que Dirty Dancing (1988) es recordada como una sencilla historia de amor entre dos personajes de diferentes clases sociales que se juntan a pesar de tener a tantas personas en contra. No se habla de esta película como un inicio a la sexualidad femenina y a los problemas que esta conlleva. La historia se centra en Baby, en su perspectiva del mundo, en su forma de concebir el amor y las relaciones. Es una mirada femenina sobre la realidad de aquel momento y que, hoy, todavía nos puede ayudar a entender cómo funciona nuestra sociedad. “Toda la película se narra desde la mirada femenina porque quería hacer una película sobre cómo es, para una mujer joven, pasar al mundo físico, es decir, al mundo sexual”, confesaba Eleanor Bergstein sobre Dirty Dancing, guionista del film.

La chica de rosa

Nos encontramos ante una de las primeras películas que empezó a tomar en serio a los adolescentes. Una película donde aparecen retratados los jóvenes que no siempre encajan con facilidad y que también buscan sentirse bien. No fue una película fácil de adolescentes tontos y despreocupados, se trataba de una historia centrada en las complicaciones internas de uno mismo y la propia lealtad de esa edad. Los personajes eran respetados para que el público sintiera una conexión especial con la narrativa. Es cierto que la premisa del largometraje es bastante sencilla, simple y cumple todos los clichés: la protagonista pertenece a una clase social baja donde vive sola con su padre y lo que más le apetece es ir al baile del instituto con Blane, el prototipo de chico rico. Nada muy original ni llamativo.

Sin embargo, lo interesante en La chica de rosa (1986) es cómo Andie –la chica de clase baja– toma total protagonismo sin ser ignorada y ninguneada, dejando a un lado los deseos de los chicos y centrando todo el recorrido en las emociones de ella, tanto las positivas como las negativas. Era una joven fácil con la que identificarse: algo extrovertida pero sin ser popular, con carácter, con un estilo diferente al del resto, un poco solitaria pero sin llegar a estar marginada, algo rara y sin rozar el exceso de simpatía molesto. Y lo más importante: todo gira en torno a ella. A pesar de que la película estaba dirigida tanto a adolescentes chicos como chicas, el personaje central era una mujer. Además, Andie, a pesar de esta locamente enamorada de Blane, en ningún momento cambia ni un aspecto de su personalidad o de sus gustos por él, aun sabiendo que Blane es totalmente contrario a ella. Algo que no ocurre en, por ejemplo, Crepúsculo. Tal y como cuenta Freeman, Bella es una chica totalmente pasiva y sosa que cambia de especie sin pensárselo para estar con su enamorado, deja de ser humana y, además, es cientos de años más joven que él.

Andie tiene en todo momento una vida propia y, aunque sus problemas tan solo son problemas de adolescentes, siguen teniendo una gran importancia. Son los mismos problemas que tuvimos todas nosotras, los mismos dramas que nos hacían pensar que no saldríamos de aquello y que nunca jamás algo nos dolería tanto. Entonces, los adultos ignoraban nuestros tontos problemas y, por esta razón, La chica de rosa es importante: porque gracias a ella nos sentimos comprendidas, menos solas y más inteligentes que esos adultos.


Era una joven fácil con la que identificarse: algo extrovertida pero sin ser popular, con carácter, con un estilo diferente al del resto, un poco solitaria pero sin llegar a estar marginada, algo rara y sin rozar el exceso de simpatía molesto. Y lo más importante: todo gira en torno a ella.

Cuando Harry encontró a Sally

Leo el título de esta maravillosa comedia romántica e inevitablemente se me escapa alguna risa. Por fin una comedia romántica que no es retrógrada y no hay sufrimiento. En Cuando Harry encontró a Sally (1989) las mujeres no se dejan llevar por impulsos amorosos y los hombres no nos tratan mal para después darse cuenta del error y volver arrepentidos. Aquí, no. Aquí, solo hay risas, amistad y un sencillo y agradable amor. Sí, sé que es otra película basada en una pareja heterosexual, pero, de verdad, esta no es aburrida.

No es la comedia romántica de ahora, es la comedia romántica de hace tres décadas. Cuando realmente había humor e inteligencia y atraían tanto a un público femenino como masculino –a excepción de Love Actually–. Como escribió Nora Ephron, guionista de la película: “de lo que trata realmente Cuando Harry encontró a Sally es de lo diferentes que son los hombres y las mujeres. La verdad es que los hombres no quieren ser amigos de las mujeres. Los hombres saben que no entienden a las mujeres y no se preocupan demasiado por eso. Quieren amantes, esposas, madres, pero no les interesan demasiado como amigas. Ya tienen amigos. […] Por su parte, las mujeres mueren por ser amigas de los hombres […] y eso les preocupa: creen que, si consiguen ser amigos, llegarán a entenderlos y, además (y este es su mayor error), los ayudarán.”

Sí, es una generalización detestable y basada solamente en las relaciones entre heterosexuales. Pero tiene un punto a su favor: se interesa tanto por el pensamiento de Sally como por el de Harry. Se interesa tanto por conseguir que ambos pensamientos se crucen, se comprendan y se acepten. Busca el equilibrio sin menospreciar a ninguno y, muy importante, sin dejar a Sally como un personaje loco y contrario al pensamiento de los hombres y, por ende, el pensamiento (lamentablemente) universal. Además, al contrario que en muchas películas sobre el amor, en esta historia la persona alegre, animada y activa es Sally y el personaje oscuro, un tanto deprimido y aburrido es Harry. Los hombres suelen ser los graciosos y despreocupados, menos aquí. Aquí, los puntos de comedia son de ella, los chistes son de ella y la que transmite una energía y una fuerza envidiables es ella.

Igual que La princesa prometida nos habla de todos los amores posibles, esta comedia no deja de lado un aspecto importante de nosotras: la confianza inquebrantable que existe entre Sally y su grupo de amigas. Amigas con vidas propias que siguen siendo amigas. Una amistad sencilla y sana entre mujeres de treinta años que refleja la vida adulta tal y como la imaginamos. No se ridiculiza la relación entre ellas, ni se le quita importancia a la amistad ante el amor romántico. Al contrario, estas amigas son un punto de apoyo primordial que está presente a lo largo de toda la historia.

Como escribió Freeman (y yo no podría explicar mejor): “las comedias románticas […] cuando son buenas, exploran y explican cómo funciona el corazón, y por eso las buenas son tan fantásticas y las malas son tan, tan horribles”.