Déjame que te cuente: el futuro

Paz Santo Tomás


CAPÍTULO 12

Me voy a poner en modo vidente, amigas lectoras, porque este es el último 'Déjame que te cuente' y quiero pensar en un futuro quizás no tan lejano.

No creo, para nada, en eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Puede que me lo pasase muy bien cuando tenía 30 años, pero no digo eso: me refiero a los que dicen, por ejemplo, qué guay la época medieval, los castillos, las princesas, los caballeros...¿En serio?

Confío en los humanos, lo reconozco, soy de esas: ilusa, ingenua, pardilla... pero es que conozco más buenos que malos. A lo mejor porque no vivo en Ciudad Juárez, vale, puede ser, o a lo mejor porque me fijo más en los que me rodean que en los que salen en las noticias, no lo sé; pero al final veo que algunas cosas se van arreglando. Es cierto que las soluciones tardan y suelen ir precedidas de mucho sufrimiento. Y cuando algo parece arreglarse, llega otro problema nuevo. Pero mejoramos. Para mí es algo innegable.

Así pues, con este espíritu tan positivo y optimista voy a ir planteando el futuro de cada uno de los temas que he ido presentando en este maravilloso proyecto que es la Fronde y que, espero, alguien se haya leído.

1. El consumismo: llegará a ser un auténtico pecado, algo mal visto. Eso de presumir de que te has comprado tal o cual cosa, ya sea un coche o un jersey, quedará como algo íntimo y un poco bochornoso. Por supuesto, la publicidad estará prohibida. Incitar al consumo será como ahora incitar al odio. Tendremos una especie de Amazon mental: si te hace falta algo, al momento te aparece o se te informa de quién te lo puede pasar. Porque estaremos acostumbrados a compartir, nadie será dueño de nada y no hará falta el dinero.

2. La comunicación: será instantánea. Si necesitas información sobre algo, solo habrá que pensar unos segundos en ello. Si quieres decir algo, tienes a tu alcance un diccionario mental que te permite expresarte con absoluta claridad, con las palabras exactas, sin malentendidos. Y por supuesto sin mentiras, que tantos problemas crean. Al que se atreva a mentir le crecerá la nariz como a Pinocho, o mejor aún, le entrará un fuerte dolor de tripa y empezará a vomitar líquido verde fosforito mientras se oye: miente, miente, miente...

3. El sexo: ¡ooooh! Maravilla de besos, de caricias, de orgasmos. Sin complejos, sin dudas, sin culpas, sin embarazos no deseados, sin enfermedades, sin compromisos, sin dinero, sin exigencias, y sobre todo, con ganas.

4. El juego: todos educativos, para aprender a reflexionar, a buscar soluciones, a conocer tus habilidades, tus capacidades y las de los otros. Aprender a socializar, sin competir. Disfrutar de que algo te sale bien y no de machacar al contrario.

5. Viajar: Esto creo que se solucionará mas o menos pronto. Lo del teletransporte ya está en la cabeza de todos, si sale en una conversación ya nadie pregunta qué es. Limpio, rápido, ni siquiera hace falta equipaje y no digamos fronteras.

6. La familia: será global, de mutua confianza. Nos trataremos como si nos conociéramos de toda la vida, con la familiaridad que puedas tener con un hermano. Recordemos que no existe la mentira y por lo tanto desaparecerá esa hipocresía tan típica entre familiares porque sabes que les tienes que aguantar o quieres que te aguanten.


7. La política: tal y como la entendemos ahora, no hará falta. Habrá personas organizando porque se les de bien organizar, otros administrando porque se les de bien administrar, gente coordinando las tareas, pero nunca presidentes, ministros, alcaldes o jefes. En definitiva no habrá nadie con poder sobre otros, ni disfrutando de privilegios. Además, todos seremos muy responsables, no hará falta el control ni la supervisión de nadie porque existirá la confianza entre las personas y haremos las cosas con un propósito definido, pensando a largo plazo, disfrutando del camino.


8. El feminismo: no será necesario. El patriarcado, la misoginia, el machismo sonarán a algo tan salvaje y primitivo como nos puede sonar ahora esclavitud, canibalismo o lapidación.

9. Las drogas: tampoco serán necesarias, al menos no las que se fabrican clandestinamente, se venden clandestinamente y matan clandestinamente. ¿Que quieres sentir una percepción diferente de las cosas durante un rato? Pues no hará falta que te metas nada raro en el cuerpo, se lo dices a tu cerebrillo y seguramente funcione con temporizador y todo.


10. La religión: esto creo que va a costar más, ¡con la iglesia hemos topao! Pero también desaparecerá porque cada vez somos más sabios, la ciencia avanza y el ateísmo prospera. Aunque se pueda cultivar el espíritu para uno mismo, de verte por dentro, de no sentirte un mero trozo de carne y huesos. Quizá falten palabras para expresar esto, pero ya las inventaremos cuando sea una práctica habitual en nuestras vidas.

11. El trabajo: dejará de ser una condena porque tendrá el propósito de desarrollar tus dones para ponerlos al servicio del bien común y no del listo de turno que no piensa más que en hacerse rico y dominar. Trabajaremos, sí, pero a lo mejor le hemos puesto otro nombre que no nos recuerde palabras como productivo, nómina, currículum, despido. Y nada más. No sigo porque 12 me parece un buen número para dejarlo: los temas empezarían a mezclarse y mis neuronas ya tienen 64 años. No quiero cansar, ni repetirme.

Muchas gracias a mi editora (cómo suena de bien: mi editora) y a mi hija por esta oportunidad de expresarme y de contar batallitas. Gracias a las y los que las habéis leído y perdón si alguien se ha sentido mal, desde luego no era para nada mi intención.