Grudova: “No cedo ante la idea de una crueldad intrínseca al ser humano, pero no soy optimista”

Eudald Espluga / Anabel Alcázar


Camilla Grudova nació en Canadá y vive en Edimburgo. Lumen acaba de publicar su primer libro de relatos, Abecedario de las muñecas, la puerta de entrada a un universo oscuro, femenino y extremadamente original. Grudova se estrena en el panorama editorial con esta colección de máquinas de coser, pescado en conserva y muñecas rotas, imágenes que se te pegan al paladar como una pesadilla a la que quieres volver una y otra vez.


La mayoría de los relatos de Abededario de las muñecas son profundamente oscuros: se enmarcan en distopías muy jerarquizadas socialmente en las que predomina la pobreza y la escasez. ¿Debemos leerlos como un retrato de nuestra precariedad presente y futura o, por el contrario, se refieren a una crueldad y una violencia atávicas, intrínsecamente humanas?

Creo que son un retrato de nuestra precariedad pasada, presente y futura, pero tomando como base la precariedad actual, exagerándola o inclinándola ligeramente. No quiero ceder ante la idea de una crueldad intrínseca al ser humano, pero no soy optimista ante la humanidad.

Mark Fisher definió “lo raro” como aquello “que nos hace sentir que no debería existir o que, al menos, no debería existir aquí”. Y creo que tus relatos despiertan precisamente este tipo de incomodidad conceptual al presentar situaciones anómalas, aberrantes e inverosímiles enmarcadas en situaciones cotidianas e incluso anodinas -por ejemplo, dándole al pedal de una máquina de coser o trabajando en una cadena de montaje-. ¿Hasta qué punto Abecedario de las muñecas es un retrato de lo monstruoso? ¿Hay una voluntad de explícita de dinamitar nuestra categoría de “lo normal”?

No creo que estas situaciones sean del todo inverosímiles, simplemente están retratadas de forma metafórica, o descritas a través de la narración del personaje. Abandono, violación, infanticidio. Conceptos como la obsesión, la repetición o el trabajo fabril están en el centro de la vida contemporánea. Además, no estoy de acuerdo con la definición de Mark Fisher; creo que lo raro consiste en transformar lo que consideramos normal: con una ligera inclinación, enfatizando o exagerando un aspecto concreto. Aunque todo el mundo tiene una definición diferente de lo que es normal.


Tengo un fuerte instinto o deseo de tener hijos, pero me aterra la realidad económica, política y ambiental. Creo que intenté resolver todos esos sentimientos conflictivos a través de las historias.

El universo que has creado está a medio camino entre la realidad y la pesadilla, y si hay algo que lo caracteriza es que está abarrotado: tus historias son una sucesión de los objetos más variopintos y sugerentes. ¿Somos coleccionistas por naturaleza? ¿Qué dicen esos objetos de nosotros?

Yo soy una coleccionista nata. Me fascina la historia de los objetos viejos, de la chatarra. Prefiero retratar las emociones a través de objetos e imágenes que apuntando directamente a las emociones, tal y como decía T. S. Eliot en su teoría poética de objetos correlativos. No me gustan los discursos abstractos y emocionales. Hay un objeto que destaca por encima de los demás: la máquina de coser. Tanto el aparato en sí como el universo metafórico que la rodea son omnipresentes. ¿Qué significado le das a la máquina de coser?

En mi mente, las máquinas de coser están conectadas a las mujeres, porque a mí me enseñaron a usarla cuando era pequeña mientras que a mi hermano no. Recuerdo que mi madre decía que uno de sus novios sentía terror ante sus máquinas de coser.

También la maternidad tiene en tus cuentos una fisicalidad especial, que la hace indistinguible de otros tipos de transformaciones o metamorfosis corporales. ¿Qué papel ocupa la maternidad en tu imaginario? Me fascina la maternidad y los cambios que produce en el cuerpo, tenía muchas amigas a mi alrededor teniendo hijos mientras estaba escribiendo el libro. Tengo un fuerte instinto o deseo de tener hijos, pero me aterra la realidad económica, política y ambiental. Creo que intenté resolver todos esos sentimientos conflictivos a través de las historias. Además, a mí me crió una madre soltera. Ahora mismo estoy tratando de escribir una novela en la que la paternidad tiene un papel importante, pero es un gran reto porque realmente no sé qué significa la paternidad.

Las mujeres en tu libro comienzan descosiéndose, literalmente, para desprenderse de todo lo innecesario. Y sin embargo, a lo largo de las diferentes historias veremos como las persigue el papel de cuidadoras, a cargo de hombres que no son capaces de controlar ni sus propios esfínteres. ¿Nos falta mucho para desprendernos de todas esas capas que nos han cosido?

Me di cuenta hace muy poco de que las mujeres que se descosen en la primera historia son mucho más mayores que el resto de personajes femeninos del libro. Quizá eso tiene algo que ver con el hecho de que se atrevan a quitarse las capas que llevan encima, cuando ya no son visibles ni útiles para los hombres. En la última historia, las mujeres son destruidas por una máquina de coser. ¿Las destruye o abrazan al monstruo que se encuentra en su interior?


No sé si realmente Abecedario de las muñecas es una colección de relatos porque todas las historias son muy similares y eso no es lo que esperas de este tipo de libros; es como si le estuviera dando al lector trece platos de pescado en conserva en vez de un variado buffet.

Esta es una colección de trece historias; cuentos independientes pero muy ligados entre sí por el imaginario y las construcciones simbólicas que los habitan. Quizá no comparten un mismo universo, pero casi podrían leerse como fragmentos de una misma novela. ¿Por qué te decidiste por los relatos y no por cualquier otro género literario?

No me gusta la idea de dividir los libros en categorías como relato o novela. No sé si realmente Abecedario de las muñecas es una colección de relatos porque todas las historias son muy similares y eso no es lo que esperas de este tipo de libros; es como si le estuviera dando al lector trece platos de pescado en conserva en vez de un variado buffet. Tengo el mismo problema cuando escribo libros que no son o no parecen lo suficiente “una novela”. Me gustaría ser capaz de decir que escribo libros y no tener que ponerlos en ninguna categoría.

Todo empezó con el relato 'La máquina de Ágata', que se publicó en The White Review en 2015. ¿Cómo fue el proceso de creación del libro?


Firmé un contrato con Fitzcarraldo, una editorial de Londres fundada por la misma persona que lleva The White Review. Escribí las historias y se las envié una por una al editor, que me ayudó a darle forma a la colección.


Si Borges y Calvino hubieran hablado de la obra de cualquier hombre como hablaron de la de Ocampo, sus libros estarían disponibles en todas las librerías de España.

Las influencias mitológicas, cinematográficas y literarias están muy presentes a lo largo de todos los relatos. Desde el panteón grecolatino hasta personajes que se parecen a “un joven Samuel Beckett”. ¿Cuáles son los referentes que más te han inspirado para escribir Abecedario de las muñecas?

El cuento de Samuel Beckett, Primer amor es uno de mis favoritos, y él fue una gran influencia, al igual que T.S. Eliot. Por eso hay tantas imágenes marinas en el libro, porque no paré de leer a Eliot mientras lo escribía. La literatura romana también tiene un papel importante, especialmente Ovidio, me encantan Las metamorfosis. Jan Svankmajer y Sylvain Chomet forman parte de mis influencias directas, y por supuesto Kafka, Barbara Comyns y otros autores que han hablado de la maternidad y de cosas que yo veía a diario, desde latas de pescado hasta flores de plástico. Son imágenes que quizá solo alguien de Toronto sea capaz de entender del todo, o puede que únicamente mi madre. Me gusta ser como una urraca con mis referencias, pero espero que las historias las pueda disfrutar cualquiera, incluso si no las entiende todas.

Más allá de las influencias directas, ¿qué autoras te fascinan? ¿Cuáles crees que deberían leerse mucho más de lo que se leen? Ayúdanos a ampliar nuestra biblioteca de escritoras.

Para mí, algunas escritoras contemporáneas que creo que capturan nuestro tiempo y serán leídas en el futuro (y necesitan ser más leídas ahora) son Yoko Tawada, Nicola Barker, Helen Oyeyemi, Dubravka Ugresic, Cynthia Ozick, Olga Tokarczuk, Tatyana Tolstaya, Lyudmila Petrushevskaya, Sophie Collins, cuya colección de poesía, Who Is Mary Sue?, fue publicada en 2018. Hanya Yanagihara, especialmente People in the Trees. Y por supuesto, autoras muertas que merecen una lectura: Barbara Comyns, Yuko Tsushima, Leonora Carrington, Iris Murdoch, Silvina Ocampo, Natalia Ginzburg. Hace poco estuve en Madrid y Barcelona, y no pude encontrar ninguna copia de la obra de Silvina Ocampo en ninguna librería, simplemente porque es una mujer. Si Borges y Calvino hubieran hablado de la obra de cualquier hombre como hablaron de la de Ocampo, sus libros estarían disponibles en todas las librerías de España. Es el equivalente de no poder encontrar a Doris Lessing en una librería de Londres.