Mujeres humoristas: las eternas olvidadas

Teresa Avendaño

Al mundo le hace falta un poco de humor. A España, por ejemplo, tras los alarmantes resultados en las elecciones andaluzas de hace unas semanas, le hace falta humor. Vamos a necesitar humor para intentar salir de ésta, humor para mirar la realidad desde otro prisma, humor para que –aunque sigamos tomándonos en serio la realidad– se haga menos pesado tener que aguantar lo que está por llegar. Sin embargo, no hablo de cualquier humor. Esta vez, lo que realmente necesitamos, es el humor feminista: el gran olvidado, aquel que parece que no existe. Humor de mujeres para mujeres. Un humor más fuerte, más valiente y tan válido como el de los hombres.


El pasado mes de noviembre, eldiario.es publicaba la noticia de un nuevo grupo de mujeres cómicas en la India. Se llaman Femapalooza y su objetivo es hacer frente a los duros conservadurismos de su país a través de la comedia. Un espectáculo dirigido exclusivamente a mujeres donde las bromas se centran en la menstruación, los pechos femeninos o el sexo. En un país donde las mujeres sufren diariamente violaciones, represiones o incluso son recluidas en espacios fuera del núcleo familiar cuando tienen la regla, todavía queda espacio para tratar una situación preocupante con humor. Desgraciadamente, es una noticia que puede sorprender y, me atrevería a decir, que algunos se habrán llevado las manos a la cabeza al descubrir que hay mujeres en la India capaces de pensar y actuar por sí mismas y hacer bromas sobre ello. Sin duda, esto es lo que nos hace falta.


Un buen ejemplo es Deforme Semanal –el primer y único late night feminista de nuestro país–, un programa cultural y político encabezado por dos mujeres feministas (valga la redundancia) y divertidas: Isa Calderón y Lucía Lijtmaer.

Sin embargo, no hace falta que nos vayamos tan lejos para comentar el tema del machismo en el mundo de la comedia. El pasado mes de septiembre, la plataforma digital Movistar+ anunciaba con orgullo en el FestTVal que “la oferta de comedia de #0 es inigualable. Es la mejor comedia de España”, según Fernando Jerez, su director. Tras esta afirmación, Jerez comentó que “hay pocas mujeres cómicas. Que la mujer tenga una mayor presencia en la comedia es uno de los retos que nos ponemos en #0 para el 2019”. El gran problema de sus (hipócritas) palabras fue que en la foto de presentación del equipo de cómicos de #0 solo había dos mujeres entre diecisiete hombres. El chiste se cuenta solo. O, por ejemplo, la última portada de la reconocida revista XLSemanal, que ha reunido a los actores y humoristas de la nueva película de José Luis Cuerda, Tiempo después. Sorpresa: solo aparece una mujer entre trece hombres. Según la periodista del artículo, “si en la película Amanece que no es poco estaban gran parte de los cómicos del siglo XX, en Tiempo después José Luis Cuerda ha reunido a casi todos los del siglo XXI...” Aquí reside el problema, seguimos creyendo que los humoristas solo pueden ser hombres porque las mujeres no somos graciosas.


A pesar de que el interés por este tipo de programas siempre va de la mano de shows protagonizados por hombres (La Resistencia, Late Motiv, El Hormiguero, La Vida Moderna y una larga lista inacabable), amigas, no todo está perdido. Un buen ejemplo es Deforme Semanal –el primer y único late night feminista de nuestro país–, un programa cultural y político encabezado por dos mujeres feministas (valga la redundancia) y divertidas: Isa Calderón y Lucía Lijtmaer. Deforme Semanal intenta enseñarnos desde la risa, el sarcasmo y la cultura una perspectiva alejada del machismo diario, lo heterobásico y los machirulos. Calderón ya definió para S Moda con bastante exactitud la importancia del ingenio y el humor ante la grave situación en la que nos encontramos las mujeres: “estamos tan agotadas de defender lo obvio, el sentido común y nuestros derechos humanos, que es que ya nos reímos. ¿Qué vamos a hacer? No podemos estar enfadadas las 24 horas del día, tenemos que vivir”.


El surgimiento de estas voces silenciadas está yendo mucho más allá y mucho más rápido de lo que esperábamos (y menos mal). La historia de The Marvelous Mrs. Maisel –casi desconocida en nuestro países prueba de ello. Una serie estadounidense creada por Amy Sherman, también directora de Las Chicas Gilmore, que consiguió este año 5 Emmys y 2 Globos de Oro gracias al relato de una comediante de los años 50 que busca un lugar dentro de este mundillo protagonizado exclusivamente por hombres. Una narración que ha conquistado a su público (mayoritariamente estadounidense) en el momento en el que más lo necesitábamos: tras los movimientos del #MeToo y #TimesUp. Tan necesario como Nanette, el famoso monólogo de la humorista Hannah Gadsby donde el dolor tiene más cabida que la comedia, donde nos enseña que no toda amargura puede esconder una broma, donde la risa no es la medicina para todo. Un nuevo punto de vista que nos desmonta lo que entendemos como monólogo de comedia pero que, a la vez, su giro inesperado nos lleva por este nuevo camino que nunca antes nos habíamos planteado.


La mujer comediante se encuentra mucho más expuesta a cualquier crítica sobre algo que nada tiene que ver con su discurso ni sus bromas y, por supuesto, tiene que tener mucho cuidado a la hora de hacer comentarios directos, violentos, agresivos o sexuales.

Pero sí, sí que somos graciosas. Aunque no cuenten con nosotras para crear nuevos programas de humor, aunque no nos llamen para protagonizar comedias o aunque hace algunos años la revista Vanity Fair publicara un artículo llamado Por qué las mujeres no son graciosas en el que se decían barbaridades como que no podemos ser divertidas porque somos demasiado dulces y agradables o que los hombres sí son ocurrentes porque tienen que ganarnos mientras que las mujeres –a la hora de ligar– ya lo tenemos todo hecho solo por el hecho de ser mujeres. El problema es que una mujer comediante siempre estará mucho más observada que un hombre en su misma situación, estará bajo la mirada de un público atento a su físico, su ropa, sus gestos, sus expresiones. La mujer comediante se encuentra mucho más expuesta a cualquier crítica sobre algo que nada tiene que ver con su discurso ni sus bromas y, por supuesto, tiene que tener mucho cuidado a la hora de hacer comentarios directos, violentos, agresivos o sexuales. Porque el rol de la mujer debe ser tranquilo, empático, adorable, encantador y tierno. Sin embargo –como en tantos aspectos de la vida cotidiana– este papel está empezando a cambiar y la situación de poder de los hombres no para de tambalearse. En Hollywood se están denunciando las violaciones en los rodajes, en el mundo de la moda empiezan delatar los acosos en las sesiones de fotos, en los festivales de música comienza a aumentar el número de bandas formadas por mujeres y en el mundo del humor cada vez tenemos más nombres femeninos como Valeria Ros, Patricia Sornosa, Malena Pichot, Isa Caledrón, Lucía Lijtmaer, Ellen DeGeneres, Amy Schumer, Lena Dunham, Hannah Gadsby... Una lista también inacabable. Tal y como dijo Valeria Ros en No te metas en política, “éste es el momento de las cómicas”. Y, lo mejor, es que no ha hecho más que empezar.