Por qué lloran las ciudades: Elisa Levi y las sombras de la juventud



Tras su incursión en la poesía con Perdida en un bol de cereales (2016), Elisa Levi se lanza a la narrativa de la mano del nuevo sello de Planeta, Temas de hoy. Por qué lloran las ciudades (2019) es un viaje a través de la tristeza, la familia y el sexo, una reflexión íntima sobre la llegada a la vida adulta y las sombras que se esconden en la veintena. Hablamos con ella.

Como escritora, tu nombre aparece prácticamente siempre asociado a lo que llaman “la voz de una generación”, o incluso “literatura millenial”. ¿Te sientes cómoda con esta etiqueta? ¿Qué significado tiene para ti?

No me disgusta, es más, me siento muy afortunada de poder compartir generación con autoras y autores tan fantásticos, aunque reconozco que el hecho de que te incluyan en una generación tiene todo lo bueno de sentir que caminas en grupo y toda la ansiedad que eso mismo supone. Cuando escribo parto de mis sentires y de lo que me incomoda, de lo que necesito ubicar en mi cuerpo y en mi pensamiento. No pretendo dar voz a una generación sino exponer mi inconformismo y mi malestar, mi búsqueda de la felicidad. Ver como la gente de mi generación se siente identificada con las historias que creo hace que no me sienta sola, me hace sentir más cerca de los lectores y muchos miedos desaparecen.

Además de los temas y las formas de escritura, un punto de unión inevitable para las nuevas escritoras es un contexto de precariedad laboral. ¿Cómo ha afectado a tu proceso de escritura en esta novela?

Cuando empiezo un proceso creativo que gira en torno a una historia y unos personajes, me olvido del resto. Se me olvida que mi cuenta está pelada y que mi futuro es incierto y áspero. Eso es algo que aprendí de mi padre, hay que apostar siempre por el arte si te consideras una persona creadora. Yo he venido a jugármelo todo a esta carta y, por supuesto, la precariedad laboral me afecta y me baja a la realidad constantemente, pero es que yo solo solo sé hacer esto. En lo que soy buena es en la creación artística y creo mucho en el trabajo y en la constancia que eso conlleva, por eso he renunciado a muchas cosas hasta ahora y sé que me tocará renunciar a muchas otras en la vida para seguir en este camino.

Cuando empiezo un proceso creativo que gira en torno a una historia y unos personajes, me olvido del resto. Se me olvida que mi cuenta está pelada y que mi futuro es incierto y áspero.

Más allá de este libro, ¿te planteas escribir literatura como un modo de vida? O incluso, ¿crees que es posible?

Sí, me lo planteé en su momento cuando tomé la decisión de entrar en la universidad y me lo planteo ahora. La única forma de creerme que es posible es asumiendo que es una certeza, la única que debo mantener en mi pensamiento. Eso sí, hay que tener claro también que el desarrollo de un talento implica una constancia y una disciplina impecable y, como he apuntado antes, todo lo relacionado con la creación artística requiere sacrificios y renuncias.

Quizá una forma también de definirte sea con las lecturas que te han llevado hasta aquí. ¿Qué libros te han servido de inspiración?

Todas las lecturas que he hecho, incluso las que no me han gustado o los libros que he dejado a medias, han influido y me influyen en este inicio de mi carrera literaria. Y no solo la literatura, sino las obras de teatro, el cine y las películas que veía en casa con mis padres. Todo me inspira y eso es algo que espero conservar toda la vida y que no sea fruto de la juventud. Si tuviera que decir un par de lecturas que han sido mi refugio cuando he estado perdida serían Esto es todo, de Marguerite Duras y La casa de la fuerza, de la Liddell.

Durante los últimos meses, o incluso ya años, muchas escritoras han contado experiencias en las que se han sentido más juzgadas por su cuerpo que por sus obras. ¿Has vivido situaciones de este tipo? ¿Crees que aún son habituales?

Sí, creo que son habituales. Lo más explícito que yo he vivido hasta ahora son los comentarios en Instagram de la vídeo-entrevista para Playground, donde salgo diciendo que no soporto que me digan que haga deporte para evitar estar triste y hay varios comentarios ofensivos sobre mi forma física. Luego he recibido muchos mensajes en Instagram donde me dicen “te pareces a la de 50 Sombras de Grey, voy a leer tu libro” como si eso fuera lo que les despierta las ganas de leer la historia que he creado. Igual son cosas menores, pero hay que ponerle ojo, porque un comentario pequeño puede tirar por tierra todo un proceso creativo.


Considero que en la novela se trata el amor y el concepto de relación desde muchos puntos. No creo que nuestras historias de amor sigan siendo las de siempre, creo que están “las de siempre” y una variedad infinita más y es la hostia que se haya abierto tanto el abanico.

El personaje que creas, Ada, es una chica que vive lejos de casa y de su familia, le preocupa constantemente la muerte y tiene siempre muy presente la nostalgia. Y precisamente este protagonismo del dolor y la tristeza nos hacen más fácil sentirnos cercanas a ella. ¿Qué esconde esta reivindicación a no ser felices?

La novela no pretende esconder nada. La novela viaja por las duras preguntas, cargadas de incertidumbre, que nos plantea la vida para que consigamos conocernos a nosotras y nosotros mismos y poder así identificar lo que nos hace feliz. La felicidad pasa por asumir la tristeza, por dejarla que habite en nuestra espalda y cargar con ella sin culpa. Ada analiza su pasado, asume su presente y se plantea el futuro.

El suicidio es a la vez telón de fondo y centro de la historia. Eva Baltasar, en Permafrost (también su primera novela) escribe sobre este tema desde otra perspectiva. ¿Crees que hay algo que subyace en las nuevas voces y que nos empuja a hablar sobre esto? ¿Ha sido difícil para ti abordar el tema?

Igual es algo por lo que todas las generaciones pasan. Igual en cierto momento se tiende a buscar un criterio sobre la muerte y sobre lo que implica tener la muerte como opción, puede ser. Para mí no ha sido difícil, porque me he centrado mucho en evitar los juicios de valor sobre la muerte y el suicidio. Quizá no me resultó difícil porque tenía la necesidad de abordar el tema desde la sensibilidad y desde la ficción, para poder alejarlo de mí misma y generar así una historia bella. Quizá todo venga de que muchas de las mujeres que admiro se han suicidado, como Anne Sexton, Sylvia Plath, Sarah Kane, Pizarnik, Virginia Woolf, etc.

En repetidas ocasiones el relato se desarrolla como si fuese la descripción de una película. ¿Cuál es la influencia del cine en tu escritura? ¿Nace esta escritura de imágenes visuales que se traducen en palabras o simplemente es una manera de ayudar al lector a imaginar?

Todo viene de la peli de Jacques Tati, Las vacaciones de M. Hulot, esa tarde en la que mi padre me la puso, siendo yo demasiado pequeña para valorarla. Todo viene de la cultura audiovisual que he visto en mi casa, de la forma en la que mi padre me contaba y me cuenta sus historias mientras damos largos paseos y de cómo mi madre jugaba conmigo y la magia con la que me leía los cuentos. Mi escritura nace de la imagen: primero llega la imagen y después la palabra, pocas veces al revés, y me gusta compartir eso con el lector y que también me sirva como recurso para guiarles en la historia hacia los detalles que yo considero importantes.


La felicidad pasa por asumir la tristeza, por dejarla que habite en nuestra espalda y cargar con ella sin culpa.

A pesar de que los protagonistas de ‘Por qué lloran las ciudades’ son dos amigos y no amantes, la historia de amor paralela que cuentas cumple con todos los tópicos del amor romántico tradicional ¿Por qué? ¿Crees que realmente nuestras historias de amor siguen siendo “las de siempre”?

En Por qué lloran las ciudades, la protagonista, Ada, tiene una relación abierta con su pareja Nadine y desvincula el sexo del romanticismo cuando le conviene y hace lo que siente en todo momento. También hay una relación entre Denis y Hiro que podría decirse que se acerca a “los tópicos”, creo que lo escribí pensando en cómo amaban estos personajes, en cómo sería el amor que buscan y el amor que les gustaría recibir. Considero que en la novela se trata el amor y el concepto de relación desde muchos puntos. No creo que nuestras historias de amor sigan siendo las de siempre, creo que están “las de siempre” y una variedad infinita más y es la hostia que se haya abierto tanto el abanico.

Otro de los temas fundamentales de la novela es la culpa. La culpa por ser, por no ser, por hacer y por no hacer. ¿De dónde crees que nace esa culpa y cómo crees que nos podemos librar de ella?

Hace poco hablaba con un gran amigo a quien quiero y admiro mucho sobre esto y me dijo que hay que transformar la culpa en responsabilidad para no ahogarnos en ella. Creo que la única forma de librarnos de la culpa es generando algo, ya sea creativo, ya sea en soluciones para con el otro, ya sea en humor. Pero para poder hacer todo eso hay que asumirla, como la tristeza, hay que asumir la culpa y dejarla que llueva sobre nosotros. Toda la culpa nace de uno mismo en relación con los demás, en el lugar donde nos ubicamos nosotros mismos en según qué contextos. La culpa es inevitable, te llega y te atrapa, es parte de la vida, lidiar con ella es parte de la felicidad y hay que tender a lo que te haga feliz, aunque eso conlleve una lucha con la culpa.