Sol Salama, fundadora de Tránsito: "De diez manuscritos que me llegan, ocho son de hombres"

Anabel Alcázar / Teresa Avendaño


En un sector editorial que agoniza (en una agonía que parece eterna e inmutable, sin terminar de desaparecer) la fundación de una nueva casa editorial parece un milagro. Y si encima es un proyecto que pone sobre la mesa autoras hasta ahora desconocidas en nuestro país, que escriben desde la memoria y se dirigen hacia lo salvaje, el milagro parece completo. Sol Salama es la fundadora de esta editorial independiente, que en sus pocos meses de vida ha conseguido que colocar las dos novedades de su catálogo (La azotea, de Fernanda Trías y La memoria del aire, de Caroline Lamarche) en las mejores librerías. Hablamos con ella.


¿Qué camino has tenido que recorrer para llegar hasta aquí, la fundación de Tránsito?


Uno con curvas y desvíos. Estudié Traducción, cursé un máster en Periodismo Cultural, fui redactora en varias agencias de comunicación y me dediqué un tiempo a la fotografía. Pero la respuesta honesta sería que tuvo que sucederme algo fuerte en mi vida personal, algo muy doloroso, para darme cuenta de que montar Tránsito era lo lo que más sentido tenía, pues me podía traer de vuelta la ilusión.

Ya llevas más de medio año con Tránsito. ¿Qué es lo que menos te está gustando del oficio de editar?


No sé qué es lo que menos me está gustando, pero sí lo que más me está costando: confiar plenamente en mi criterio. Cuando leo un manuscrito pensando en si publicarlo o no, el punto de vista lector es muy diferente al de cuando leía por placer. Analizo el lenguaje, la línea temporal, la estructura, el estilo de la escritura. Estoy leyendo y desmenuzando el libro a la vez, y eso hace que muchas veces, cuando termine, realmente no sepa si me ha gustado o no.


Yo no vengo a competir con nadie, vengo a publicar libros potentes que enriquezcan el panorama editorial y a convivir con el resto de editoriales independientes, a las que admiro y de las que he aprendido tanto.

En un sector en el que se publican 80.000 novedades al año, ¿por qué publicar más? ¿No están las librerías llenas?


Sí, para las librerías independientes cada vez es más difícil mantener un fondo, y la vida de un libro cada vez es más corta. El otro día decía Olvido García Valdés que una de las tareas principales de los libreros era hacer cajas: sacar novedades y meter devoluciones. Es así; y, sin embargo, pienso por otro lado que sí hay sitio para una editorial más. Yo no vengo a competir con nadie, vengo a publicar libros potentes que enriquezcan el panorama editorial y a convivir con el resto de editoriales independientes, a las que admiro y de las que he aprendido tanto.

Debe ser muy difícil negociar con solo dos libros en el catálogo. ¿Qué es lo que pones en la mesa de negociación para convencerles?


Sí que era difícil cuando no tenía ninguno contratado y escribía a las agencias literarias. Muchas ni me contestaron. Ahora que es evidente que voy en serio y que pueden apreciar la calidad literaria de los dos primeros títulos, así como la calidad del objeto (el papel, el diseño de la colección), es otra cosa. Digamos que por fin se han detenido a prestarme atención. La perseverancia ha sido y es clave. Ahora que estás dentro, cómo ves el sector en cuanto a mujeres escritoras y mujeres al mando de editoriales. ¿Notas la desigualdad?


Lo que corroboré cuando comencé con Tránsito es que, en general, los editores son ellos, los hombres: intelectuales que leen y eligen y valoran las obras; mientras que un altísimo porcentaje de agentes literarias son mujeres: es decir, ellas llevan la parte comercial, la de las relaciones públicas. Por suerte hay cada vez más excepciones. Quizá esto se nota más en Latinoamérica, donde veo una notable ebullición en el mundo editorial en cuanto a que son muchas las editoriales independientes con mujeres al mando.

Siempre nos han educado a partir de obras literarias escritas por hombres. Como editora, ¿te supone mucha dificultad encontrar a buenas escritoras?


Nos educaron leyendo a señores, y aprendí mucho con esas lecturas. Pero luego me di cuenta de lo tremendo y triste que era tener ese panorama incompleto y busqué yo a otras referentes, y un tiempo después casi leía sólo a autoras. Una de las causas por las que ellas no ganan premios y becas como lo hacen ellos es, pienso, porque participan muchísimo menos, ¿y por qué participan mucho menos? Porque las mujeres crecimos asumiendo un sentimiento de inferioridad del que ahora estamos luchando por desprendernos. De diez manuscritos que me llegan, ocho son de hombres. Quizá sí es más difícil dar con ellas, pero estar, están ahí; siempre lo han estado, escribiendo y narrando historias que me representan y con las que me identifico.


Lo que corroboré cuando comencé con Tránsito es que, en general, los editores son ellos, los hombres: intelectuales que leen y eligen y valoran las obras; mientras que un altísimo porcentaje de agentes literarias son mujeres: es decir, ellas llevan la parte comercial, la de las relaciones públicas.

¿Qué es lo que más te atrae de una historia?


Que me hable de algo que me preocupa. Que me haga pensar.

¿Qué es lo que jamás va a entrar en tu catálogo?


Tal y como se ha consolidado el género, una chick lit.

¿Crees que tus libros interesarán a todos los lectores?


Visualmente, sí pueden llamar la atención de todo tipo de lectores, puesto que el diseño de Tránsito es elegante. El objeto es bonito. Lo que hay dentro también puede cautivar a un público muy amplio, creo. Sin embargo, sí sé que mis lectores no van a ser las personas que entran en una librería pidiendo un libro “alegre” porque la vida ya es suficientemente triste…

¿Cuál crees que es el mejor canal para llegar a tus lectores?


El circuito de librerías independientes. Ellos, libreras y libreros, son nuestros primeros prescriptores, los que van —o no— a recomendar mis libros a todos esos lectores que entran en las librerías de barrio y piden recomendaciones.


Este año, en la huelga del 8M, vimos cómo por primera vez las mujeres del libro se juntaban para luchar por unas reivindicaciones comunes. ¿Cuáles son las más importantes para ti?


Conseguir que un día, en colegios e institutos, la literatura no se enseñe con opacidad. Que lean y estudien a las grandes mujeres escritoras que siempre han formado parte de la historia de la literatura, aunque no nos lo contaran al principio.