Sororidad: esa palabra aceptada por la RAE en 2018 y que tanta falta nos hace

Grace Grease


Según Marcela Lagarde, antropológa e investigadora,“el término sororidad proviene del latín 'sor', que significa ‘hermana’ y se refiere a crear vínculos entre mujeres, a ser solidarias. Aplicar conscientemente la sororidad es deshacerse de todas las tonterías aprendidas que han trascendido por generaciones, y que no tienen razón lógica de ser, es despojarse de la mezquindad y la violencia que nos han impuesto por años y que realmente no son intrínsecas de ningún ser humano: las mujeres no somos rivales, ni nacemos odiándonos las unas a las otras.”


No puedes exigirle a una amiga, a una hermana, a una madre ni tan siquiera a una que pasa por la calle, más de lo que le exiges a un amigo, a un hermano, a un padre, o a uno que pasa por la calle. ¿Por qué se lo pones más fácil a los hombres que a las mujeres? ¿Por qué te exiges a ti misma más de lo que les exiges a ellos? Esto es de mi cosecha porque es lo que me ha tocado vivir. Hasta con mi madre competía por el cariño de mi padre. Esto que antes era lo normal, ahora ya va siendo un poco raro. En mi caso, porque por fin me he dado cuenta de que no es justo, ni bueno, ni divertido.


De sororidad poca y mucho de rivalidad. Falsas, rebuscadas, exigentes y para colmo exhibiendo una gran colección de abrigos de visón y martas cibelinas, zorros... un horror.

La primera película que he encontrado para hablar de este tema es de 1950. En castellano, Eva al desnudo; en inglés, All about Eve y en Argentina y Mexico, La malvada. Títulos todos muy sugerentes. Es una película muy alabada por la crítica pero no tan comercial como cabría de esperar con el elenco de actrices que tenía. Por los personajes de mujeres estaban nominadas las cuatro actrices principales: Bette Davis, Ann Baxter, Thelma Ritter y Celeste Holm. Récord que todavía mantiene: ¡cuatro mujeres de la misma peli! Pues no se lo dieron a ninguna.


Desde luego lo hacen muy bien, sus personajes son totalmente creíbles y eso es lo malo, porque nos dejan bastante mal. De sororidad poca y mucho de rivalidad. Falsas, rebuscadas, exigentes y para colmo exhibiendo una gran colección de abrigos de visón y martas cibelinas, zorros... un horror.


Nuestras cuatro protagonistas son de lo más variadas. Una famosa actriz de teatro, Bette Davis (la de la canción Betty Davis Eyes de Kim Carnes); una aspirante a actriz, Ann Baxter, la malvada; la esposa cornuda del escritor de la obra, Celeste Holmes y por último la asistente sin nada de glamour que dice lo que piensa, Thelma Ritter. Esta última sería la única que se salva de ser boba o mala, y tampoco le importa ser mayor, pero es fea y no luce brillantes ni martas cibelinas. Mientras, los hombres con su ego a tope, pendientes de sus importantes e influyentes carreras: autor, director, productor, periodista y crítico de teatro. Por los papeles de hombre solo nominaron a George Sanders, el cínico y odiado periodista, pero se lo llevó.


La película empieza por el final de la historia. Estamos en la entrega de un premio a la mejor actriz de teatro, mientras una voz en off del periodista/crítico teatral presente en la cena nos va contando cómo han llegado hasta ahí. Los caretos de los invitados vienen a expresar: ¿cómo podemos estar celebrando que semejante arpía se haya salido con la suya? Se trata de la típica mosquita muerta que todo lo enreda para conseguir sus objetivos. Quita novios, maridos, amigas, trabajos y miente todo el rato. Se hace pasar por un corderito perdido al que hay que ayudar. Adulando a todo el mundo y disculpándose continuamente por no estar a la altura. Eso sí, muy guapa a pesar de su pobre atuendo, pobre al principio porque después de sus perversas maquinaciones ya empieza a lucir perlas y abrigos de piel de animales muertos como las otras.


Le dicen que se ligue al productor ofreciendo sus encantos: anda ve y alégrale la vida, o a ver si le sacas algo, muy a lo Harvey Weinstein y claro, a todos les parece estupendo y se ríen de la gracia.

Bette Davis, en su papel de actriz consagrada, no lleva muy bien haber cumplido cuarenta años (la mala tiene solo veinticuatro). A pesar de estar estupenda y de ser la novia del director de la obra, que tiene ocho años menos que ella, no se siente muy segura que digamos. De primeras, la mala se la camela en plan amabilísima, todo el día diciendo lo mucho que la admira y lo maravillosa que es, facilitando su vida hasta el punto de llamar ella misma al novio y organizarle una fiesta de cumple, ¡qué maja! Por fin, Bette se da cuenta de los tejemanejes de la cordera y monta una escenita de celos, borracha, fumando como un carretero, rompiendo cosas... El novio sale corriendo con lo de te estás poniendo histérica y todo eso, menos mal que vuelve porque al final si la quería.


Aparte de la mala malísima hay cosas muy del rollo machirulo. Por ejemplo, el cortito papel de una Marilyn Monroe al comienzo de su carrera haciendo de rubia tonta. Textualmente le dicen que se ligue al productor ofreciendo sus encantos: anda ve y alégrale la vida, o a ver si le sacas algo, muy a lo Harvey Weinstein y claro, a todos les parece estupendo y se ríen de la gracia. O cuando Bette Davis despidiéndose de su amor en el aeropuerto le dice: que no te pesque alguna vampiresa.


Es que mira que somos malas y destroza parejas, siempre compitiendo por los hombres. Pues mi marido gana más, pues el mío me ha regalado flores el día de los enamorados, pues el mío la tiene bien grande, pues el mío ayuda más en casa, pues el mío cocina, pues el mío se plancha él solo sus camisas. Os lo prometo, he oído todo esto en directo, no me lo invento.


La segunda peli es de los 90. Han pasado cuarenta años desde La malvada y aunque todavía nadie usa la palabra sororidad, la vemos presente en casi todos los personajes femeninos de esta historia: las mujeres no son malvadas, no son rivales, no compiten, se ayudan y se aman. Se trata de Tomates verdes fritos. En su día fue muy popular. Americana, como no podía ser de otra forma y rodada entre Georgia y Alabama, típicos estados sureños donde siempre hace mucho calor, viven en casas con porche y los negros siempre son pobres. Estuvo nominada al Oscar por el guión y también a la mejor actriz secundaria (Jessicca Tandy) pero no se llevaron nada.


A lo largo de la película se van intercalando dos historias de amistad entre mujeres. Por un lado lo que ocurrió hace sesenta años y que comienza cuando Idgie (Mary Stuart Masterson) conoce a Ruth (Marie-Louise Parker); mientras que por otro lado está la vida de Evelyn (Kathy Bates) que transcurre en el presente y es la que está escuchando la historia de Idgie y Ruth contada por una ancianita (Jessica Tandy).


Cuatro mujeres que no se parecen en nada, no solo por la edad o por su carácter, si no también por el contexto de sus vidas. Sin embargo se ayudan mutuamente: cada una parece tener mucho de lo que a la otra le falta y por eso juntas consiguen aliviar sus problemas.

Evelyn es una mujer de unos cincuenta años, está casada y vive pendiente de un marido con barriga cervecera que desde luego no se plancha solo las camisas y apenas la mira. Un día que estaba de visita en una residencia de ancianos, la pariente a la que iba a visitar la echa de su cuarto, así que a Evelyn no le queda más remedio que irse a la cafetería a esperar a su marido. Deambulando por los pasillos conoce a una parlanchina ancianita que la engancha y le empieza a contar una intrigante historia de sobre Idgie y Ruth, sin decirle que ella es la propia Idgie.


Se establece una hermosa amistad entre estas dos mujeres que a su vez reviven la amistad de las otras dos. Cuatro mujeres que no se parecen en nada, no solo por la edad o por su carácter, si no también por el contexto de sus vidas. Sin embargo se ayudan mutuamente: cada una parece tener mucho de lo que a la otra le falta y por eso juntas consiguen aliviar sus problemas.


Desde luego merece la pena verla. Es verdad que a ratos puede que resulte lacrimógena porque la vida de estas mujeres no es fácil. Algunas cosas son fortuitas y le pueden pasar a cualquiera, como enfermar o perder a un ser querido, pero otras son sin ninguna duda flagrantes injusticias auspiciadas por el rollo supremacista del hombre blanco hetero.


Y ya por último, el otro día fui a ver El Escándalo (Bombshell en inglés), película muy reciente, de 2019. Ha entrado en la batalla por los Oscars de este año y se ha llevado el de maquillaje. En España se ha estrenado el 7 de Febrero, por eso he podido verla en pantalla grande, cosa que me encanta. Fui con la esperanza de encontrar mucha sororidad, ya que está basada en una denuncia que le pusieron varias mujeres al jefazo de la Fox News, una cadena con difusión estatal y muy de la cuerda de Trump. Esperaba encontrar ese vínculo entre mujeres ya que se se habrían tenido que unir para poner la denuncia pero no fue así. Se unen porque no queda otra. Al principio la única que denuncia es Nicole Kidman y se siente fatal porque la dejan sola y eso que lo tenía todo calculado, hasta tenía grabadas las groserías que salían de la boca del asqueroso señor Ailes. Ella es una periodista con prestigio pero ya un poco madurita, así que el baboso la cambia a otro programa con muy poca audiencia. A partir de ahí es cuando empieza a ver todo lo que ha tenido que aguantar a lo largo de su carrera solo por ser mujer y va a visitar a unos abogados que se lo ponen bastante negro, pero aún así ya está convencida.


Ellas representan las dudas y la culpa: yo lo provoqué, no debería haberme puesto ese vestido, no debería haberle sonreído, me colé en su despacho... Y el acosador con sus justificaciones: solo nos divertíamos, no hacía daño a nadie...

En su pequeño programa empieza a ponerse en plan feminista, hasta que un día da las noticias sin maquillaje y eso ya si que no se puede aguantar. El acosador jefazo monta un pollo, la llama menopaúsica y la despide, que era lo que ella quería para empezar con la guerra. Al ser un personaje mediático la denuncia se convierte en un bombazo, pero bueno todas sabemos lo que pasa: está resentida porque la han despedido y le acusa para vengarse. Y a nivel interno de la cadena ya ni te cuento: hay que apoyar al jefe, a mí siempre me ha tratado con respeto... Se abre una investigación interna y nadie se atreve a decir nada. Hay un momento que Nicole se siente muy sola y lo único que la consuela es mirar la cara de su hija y pensar que quizás ella no tenga que pasar por eso.


Las otras dos periodistas, Charlize Theron y Margot Robbie, representan las dudas y la culpa: yo lo provoqué, no debería haberme puesto ese vestido, no debería haberle sonreído, me colé en su despacho... Y el acosador con sus justificaciones: solo nos divertíamos, no hacía daño a nadie... A ver, tío, que han llorado delante de ti, ¿de verdad piensas que se estaban divirtiendo? Y ya no cuento más porque me estoy alargando y porque de todas formas ya sabemos como acaba, está basada en una historia real, ¿o no?


Su aportación de granito de arena al feminismo es verdad que lo tiene, pero los personajes femeninos no me han gustado mucho, son demasiado Barbies, demasiado “ejecutivos agresivos”, demasiado economía capitalista: maridos guapos, hijos cuidados por mejicanas, esas cosas tan de Yankilandia que me repatean.