Un adelanto de 'La mujer invisible', de Caroline Criado Perez


Fotografía de Rachel Louise Brown

¿HAY SEXISMO EN LA RETIRADA DE LA NIEVE?


Todo comenzó con una broma. Corría el año 2011 y los funcionarios de la ciudad de Karlskoga, en Suecia, estaban asistiendo a una iniciativa de igualdad de género que implicaba reevaluar todas sus políticas a través de una perspectiva de género. Mientras, una a una, las políticas eran sometidas a esa severa inspección, un funcionario inoportuno soltó en broma que al menos en las labores de retirada de la nieve no hurgaría la «gente del género». Por desgracia para él, su comentario hizo que los expertos en género se preguntaran: ¿hay sexismo en la retirada de la nieve?


En ese momento, en consonancia con la mayoría de las administraciones, las labores de retirada de la nieve en Karlskoga comenzaban en las principales arterias de la ciudad y terminaban en los senderos peatonales y los carriles para bicicletas. Pero eso afectaba a hombres y mujeres de manera diferente, porque los hombres y las mujeres se desplazan de manera diferente.


Carecemos de datos consistentes y desglosados por sexo de todos los países, pero los que tenemos dejan claro que las mujeres son invariablemente más proclives que los hombres a desplazarse a pie y en transporte público. En Francia, dos tercios de los usuarios del transporte público son mujeres; en Filadelfia y en Chicago, en Estados Unidos, las cifras son del 64% y del 62%, respectivamente. Por otra parte, es más probable que los hombres de todas partes del mundo se desplacen en coche, y si en una familia sólo hay uno, son los hombres los que más acceso tienen a él, incluso en una utopía feminista como es Suecia.

Y las diferencias entre hombres y mujeres no se detienen en el medio de transporte: también se observan en los motivos por los que se desplazan. Lo más probable es que los hombres tengan un patrón de movilidad bastante simple: entran y salen de la ciudad dos veces al día. Mientras que el patrón de las mujeres tiende a ser más complicado. Las mujeres realizan el 75% del trabajo no remunerado del mundo, lo que afecta a sus necesidades de desplazarse. Un patrón de desplazamiento femenino típico implica, por ejemplo, dejar a los niños en la escuela antes de ir a trabajar, llevar a un pariente mayor al médico y hacer la compra de regreso a casa. A esto se le llama «encadenamiento de desplazamientos», un patrón de movilidad que se ha observado en las mujeres de todo el mundo y que consiste en varios desplazamientos cortos interconectados.


En Londres, las mujeres tienen tres veces más probabilidades que los hombres de llevar a un hijo a la escuela y un 25% más de probabilidades de hacer desplazamientos encadenados; esta cifra asciende al 39% si hay un niño mayor de nueve años en el hogar. La disparidad de los desplazamientos encadenados entre hombres y mujeres se observa en toda Europa, donde en las familias en las que ambos cónyuges trabajan, ellas tienen el doble de probabilidades que los hombres de dejar a sus hijos en la escuela e ir a recogerlos durante sus desplazamientos diarios. En los hogares con niños pequeños es más marcada: para una mujer trabajadora con un niño menor de cinco años el encadenamiento de los desplazamientos aumentará en un 54%, mientras que para un hombre en la misma situación sólo aumentará un 19%.


Todas estas diferencias en Karlskoga demostraron que el programa de retirada de la nieve, aparentemente neutro al género, no lo era en absoluto, por lo que los concejales municipales habían cambiado el orden de las prioridades, anteponiendo la recogida de la nieve a los peatones y a los usuarios de transporte público. Después de todo, razonaron, no costaría más dinero, y es más fácil conducir un automóvil que empujar un cochecito (o una silla de ruedas o una bicicleta) a través de cuatro dedos de nieve.


No comprendieron que en realidad supondría un ahorro de dinero a la larga. Desde 1985, en el norte de Suecia se han recogido datos sobre las admisiones hospitalarias por lesiones. Sus bases de datos están dominadas por los peatones, que se lesionan tres veces más que los conductores en condiciones resbaladizas o de hielo, y dan cuenta de la mitad del tiempo en el hospital de todas las lesiones relacionadas con el tráfico. Y la mayoría de estos peatones son mujeres. Según un estudio de las lesiones de los peatones en la ciudad sueca de Umeå, el 79% ocurrieron durante los meses de invierno y las mujeres representaban el 69% de las personas que habían resultado heridas en incidentes individuales (es decir, sin que hubiera nadie más involucrado). Dos tercios de los peatones lesionados se habían resbalado y caído sobre superficies heladas o cubiertas de nieve, y el 48% presentaban lesiones moderadas o graves, siendo las fracturas y las dislocaciones las más comunes. Las lesiones de las mujeres también tendían a ser más severas.


Un estudio llevado a cabo en el condado de Skåne a lo largo de cinco años observó las mismas tendencias y constató que las lesiones suponían un coste en asistencia sanitaria y una pérdida de productividad. El coste estimado de todas esas caídas peatonales en un solo invierno era de treinta y seis millones de coronas (alrededor de 3,2 millones de dólares, aunque es probable que el cálculo sea conservador, pues muchos peatones que se han lesionado acuden a hospitales que no contribuyen con sus datos al registro nacional de accidentes de tráfico; otros van al médico, y algunos pocos simplemente se quedan en casa). Como resultado, es probable que aumenten los gastos de salud y productividad.


Sin embargo, aun con este cálculo conservador, el coste que suponían los accidentes de peatones en condiciones de suelo helado fue aproximadamente el doble que el correspondiente al mantenimiento de las carreteras en invierno. En Solna, cerca de Estocolmo, el coste fue tres veces mayor, y algunos estudios muestran que fue aún mayor. Sea cual sea la disparidad exacta, está claro que prevenir las lesiones priorizando a los peatones en el programa de retirada de nieve tiene sentido desde el punto de vista económico.


Una breve coda sobre la retirada de la nieve nos llega de la blogosfera de la derecha alternativa, que reaccionó con regocijo cuando en 2016 Estocolmo no pudo implementar un sistema de retirada de la nieve igualitario para ambos géneros: ese año una nevada más intensa de lo normal dejó los caminos y las aceras cubiertos de nieve, y las personas que debían desplazarse para ir a trabajar no pudieron hacerlo. Pero en sus prisas por celebrar el fracaso de una política feminista, lo que esos articulistas de derechas no advirtieron es que ese sistema ya había funcionado con éxito en Karlskoga durante tres años.


En cualquier caso, ellos también informaron del problema con muy poca precisión. Heat Street afirmó que la política había fracasado en parte porque «según se informó, aumentaron las lesiones que requerían acudir al hospital», pasando por alto que lo que aumentó fueron las lesiones de los peatones, lo que demostraba que el problema no era que hubieran priorizado a los peatones, sino que las labores de retirada de la nieve en su conjunto no se habían llevado a cabo con eficacia. Es posible que los automovilistas tuvieran dificultades para desplazarse, pero no fueron los únicos.


El siguiente invierno todo fue mucho mejor: cuando hablé con Daniel Helldén, un concejal del Departamento de Tráfico de Estocolmo, me comentó que en los doscientos kilómetros de caminos para peatones y ciclistas que ahora se están limpiando con máquinas especiales («los dejan tan limpios como en verano») los accidentes se han reducido a la mitad. «Así que el efecto es realmente bueno.»

El programa inicial de recogida de la nieve de Karlskoga no se había concebido para beneficiar deliberadamente a los hombres a expensas de las mujeres. Al igual que muchos de los ejemplos de este libro, surgió a raíz de una brecha de datos de género; en este caso, una brecha en la perspectiva. Los hombres (y habrían sido hombres) que inicialmente diseñaron el programa sabían cómo se desplazaban ellos y lo acoplaron a sus necesidades. No se propusieron deliberadamente excluir a las mujeres. Sencillamente no pensaron en ellas. No se pararon a pensar si las necesidades de las mujeres podían ser diferentes. Y, de ese modo, esa brecha de datos se produjo al no involucrar a las mujeres en la planificación.



La mujer invisible, de Caroline Criado Perez, se publicará en España el 16 de enero, editado por Seix Barral. Traducción de Aurora Echevarría Pérez.