Un vicio mal llevado

Fidel A.

Un solo día, un solo día en el que mi piel no signifique más que lo que es. Al parecer hay que entenderla. Entenderla para después meterla en los pocos arquetipos que puedo llegar a interpretar. Esos que te alejan de ser persona.


Nunca han estado con un chico como yo. Soy una primera vez. O soy tan repetitivo que me estoy convirtiendo en un vicio mal llevado. Un capítulo necesario en la biografía que ilustra la vida de un hombre liberal. Transgresor. Modelo de diversidad.


El tiempo empezó a otorgar valor a su narrativa. Lo convirtió en algo normalizado. Se me hizo esperable. Y en las mañanas donde los placeres de la noche anterior tocaban fondo, volvía a hacerlo otra vez. Volvía a vender mi singularidad.


¿De dónde eres? Si es de Madrid no me vale. Dime algún sitio del pornotrópico. Cántame algo a la altura de tu exotismo. Seguro que mide. Seguro que se sale.


Y ahí estaba yo. Intentando buscar algún resquicio de respeto detrás de un cuánto cobras, del Dios qué morbo y demás tralarás. Intenté desenterrar piropos de donde no se podían sacar. Donde una persona sana no los sabría encontrar. Aquellos que lleváis en un borrador tan sucio y pesado que sigo sin entender cómo no os come la fuerza y la falta de sentido que conlleva arrastrarlo. Hasta los tópicos grabados en él, están cansados de ser siempre los mismos.


Soltadas las prendas, esconden la mano detrás de una sonrisa enlatada. Pretendiendo que unas risas embellezcan la violencia de la situación. Esa que decepciona cuando no salta de mi cuerpo. ¿Cómo no va a salir violencia de este tipo de cuerpo?

Si es que en la caricatura de los hombres más hombres siempre estoy yo. El negro. No puedo llegar más lejos. Y si lo hago. Empiezan a surgir las dudas. Siempre curiosas. Dios nos libre de ofensas. Tan solo le encanta la gente como yo.


Me dicen hipersensibilizado. Una realidad que no pienso negar. La gritan tan alto que termino escuchándola en mi propia voz. Será que es mía la responsabilidad. Esa que permite la facilidad con la que soy reducido a un exotismo deseado y necesario. Mi paranoia por el hecho de saber que no soy más que una curiosidad. El tener que preguntarme siempre si soy algo más que una curiosidad.


Yo me declaro fan acérrimo de la interculturalidad. La de verdad. Esa que no se si existe o se quedó anquilosada en el mito. Que me digan por dónde va porque cuando me quieren ver desnudo apenas la encuentro.


Si quieres travestir tu racismo como preferencias: adelante. Ya estoy cansado de llorarte a la cara. Tener que ilustrar tu estupidez. Pero hemos avanzado lo suficiente. Suficiente para que sea innecesario explicarte que tu incapacidad para ver más allá de mi color está lacerando mi personalidad y todo lo que ella conlleva.


Esta es mi historia visto como fetiche sexual antes que como una vida entera. Esta es mi historia como víctima victimizada a la que por fin le apetece gritar sus penas.