Vivir una vida feminista, con Sara Ahmed

Berta Gómez Santo Tomás


“Hay muchas formas de ser feminista” era una de mis frases preferidas. Solía poner delante de cada afirmación el verbo “creer” y no me atrevía a hablar de feminismo ni mucho ni muy alto. Protegía así mi inseguridad y también me quitaba responsabilidades. Después leí a muchas más mujeres, hablé con otras muchas y cambié de opinión: el feminismo es una cuestión de vida.

“¿Dónde encontramos el feminismo, o dónde nos encontró el feminismo? ¿En qué momento se convirtió el feminismo en una palabra que, además de hablarte a ti, también hablaba de ti, de tu existencia, en una palabra que te hizo existir? ¿Cuándo se hizo tuyo el sonido de la palabra feminismo? ¿Qué sentido tuvo, qué sentido tiene, apoyarse en el feminismo, combatir en su nombre? ¿Sentir en sus altibajos, en sus idas y venidas, tus altibajos, tus idas y venidas?” Son las preguntas con las que Sara Ahmed abre el libro Vivir una vida feminista (Edicions Bellaterra). Una guía que no va de repartir ni quitar carnets, pero sí de ayudarnos a encontrar herramientas para sobrevivir, cuando esto significa poder mantener nuestros compromisos. Sobrevivir puede ser lo que hacemos por otras personas: necesitamos que la otra resista, necesitamos ser parte de la supervivencia de las demás.


¿Qué significa vivir una vida feminista?

Vivir una vida feminista es mantener abierta la pregunta de cómo vivir. De hecho, se trata de mantener abiertas muchas preguntas: “cómo crear relaciones más equitativas con nuestro entorno; cómo descubrir maneras de apoyar a esas personas que reciben menos apoyo, o ninguno, de los sistemas sociales; cómo vivir mejor en un mundo injusto y desigual; cómo seguir confrontando historias que se han hecho concretas, historias que se han hecho tan sólidas como muros”.


Vivir una vida feminista es des-ha-cernos. No es un proceso sencillo ni directo porque requiere identificar patrones y regularidades, descubrir que eso que te ha ocurrido les ocurre a otras. “Empiezas a reconocer cómo se inflige la violencia: que te identifiquen como niña significa someterse a esta presión, a este implacable ataque contra los sentidos; un cuerpo que viene a temer el contacto con el mundo. Comprendes cómo has venido a ocupar menos espacio. Expresarás tu rabia feminista porque responsabilizaban a las mujeres de las violencias que les infligen. El feminismo te ayuda a entender que se hace mal a alguien; reconocer esa maldad es comprender que no eras tú quien ha obrado mal”.

Vivir una vida feminista es alzar la voz. Parece el siguiente paso evidente, una vez que descubres estos mecanismos el feminismo se convierte en la adquisición de una voz: un rechazo a que te peguen. Un grito es la forma de denunciar la violencia contra ti, y también contra las demás. Al mismo tiempo, el silencio en torno a la violencia se convierte en otra forma de violencia.

Vivir una vida feminista es llamar a las cosas por su nombre. Intentarán convencernos de que el racismo y el sexismo son términos anticuados, acusaciones demasiado graves para un “simple comentario”. No podemos olvidar que las palabras son nuestras únicas herramientas para explicar la realidad: seguir usándolas es una forma de no restarle importancia al sexismo y al racismo. “Cuando se menosprecian estas palabras, estamos presenciando una defensa del status quo, es una forma de decir, no hay nada de malo en esto; lo que está mal es creer que hay algo malo en ello. La naturaleza misma del sexismo y del racismo es velada por la naturaleza sistémica del sexismo y del racismo: un sinfín de incidentes que nos desgastan, de los que no hablamos, de los que hemos aprendido a no hablar. Hemos aprendido a romper la conexión entre este y aquel suceso, entre esta y aquella experiencia”.


"¿En qué momento se convirtió el feminismo en una palabra que, además de hablarte a ti, también hablaba de ti, de tu existencia, en una palabra que te hizo existir? ¿Cuándo se hizo tuyo el sonido de la palabra feminismo? ¿Qué sentido tuvo, qué sentido tiene, apoyarse en el feminismo, combatir en su nombre?"

Vivir una vida feminista es renunciar a la promesa de la felicidad. ¿Qué nos están pidiendo cuando nos desean que seamos felices? Cumplir con una serie de exigencias para no molestar a los demás. Así, con el pretexto de la felicidad se justifican una serie de normas sociales, que son presentadas como bienes sociales. “Estoy segura de que muchas chicas y mujeres han tenido que escuchar comentarios del tipo ‘sonríe, cielo’ cuando van por ahí sin la jovialidad plasmada en el rostro. Sonreír se convierte en un logro femenino. Pero sonreír también puede ser lo que tienes que hacer para compensar, cuando no te ven lo bastante femenina. Una mujer negra tendrá que sonreír mucho más, porque son percibidas como mujeres enfadadas o demasiado asertivas: en consecuencia, sonreír es lo que tienes que hacer para truncar una expectativa”.

Vivir una vida feminista es ser una aguafiestas. Porque mostrar desigualdades es truncar la alegría de aquellos que están cómodos en este sistema. Pero aguar la fiesta también significa asumir, sin que eso se convierta en una carga, que nos convertiremos en la causa de la infelicidad de los demás. “Estamos dispuestas a causar infelicidad institucional si las instituciones muestran su descontento porque levantamos la voz contra el abuso sexual”.

Vivir una vida feminista es crear redes de apoyo. Necesitamos saber que no estamos solas, y que las demás sepan que cuentan con nosotras para, cuando sea necesario, truncar colectivamente esa felicidad. “Significa estar dispuesta a dar a otras mujeres el apoyo que tú has recibido o desearías recibir. Quizá estés en medio de una conversación, en casa o en el trabajo, y una persona está levantando la voz contra algo. Respáldala, habla tú también. Apóyala, ayúdala. De estos momentos de solidaridad pública se crean muchas cosas”.

Vivir una vida feminista es reconocer la labor que otras mujeres hicieron a lo largo de la historia. Los textos clásicos feministas son herramientas con las que comprender algo que había estado fuera de nuestro alcance, y son también los ladrillos con los que construir nuevos hogares. Como acción directa y forma de agradecimiento, Ahmed propone -y lleva a cabo- una política bibliográfica estricta: no citar a ningún hombre, dejando que ese espacio lo ocupen obras que fueron descartadas de los diferentes cánones. “Las citas son memoria feminista. Las citas son cómo reconocemos nuestra deuda con quienes nos precedieron; quienes nos ayudaron a encontrar nuestro camino cuando el camino estaba oculto porque nos desviamos de las sendas que nos habían dicho que siguiéramos”.

Vivir una vida feminista es saber que también podemos ser parte del problema. Cuando nuestra libertad se consigue a base del agotamiento de otras, o cometiendo una nueva injusticia, estamos dejando de hacer un trabajo feminista. “Mujeres negras y mujeres de color; mujeres de clase trabajadora; mujeres migrantes; mujeres que han trabajado en fábricas, en los campos, en casa; mujeres que cuidan de sus hijos y también de los hijos de otras personas; estas mujeres se han convertido en los brazos de otras mujeres libertando su tiempo y su energía. Cualquier feminismo que se precie de llamarse así no liberará a algunas mujeres de ser brazos empleando a otras mujeres para que ocupen su lugar”.


Necesitamos saber que no estamos solas, y que las demás sepan que cuentan con nosotras para, cuando sea necesario, truncar colectivamente esa felicidad.

Vivir una vida feminista es contar con un kit de supervivencia. Es la forma de sobrevivir a todo lo anterior, necesitamos aferrarnos a algo cuando nos desgastamos, cuando parece que los muros son demasiado altos. El feminismo nos da problemas, pero también y, sobre todo, nos da recursos. Por ello, Sara Ahmed recomienda que tengas todas estas cosas en tu kit de supervivencia de feminista aguafiestas: libros (“necesitas llevarlos contigo, hacerlos parte de ti, las palabras pueden levantarte”), cosas (“recordatorios de una vida feminista”), herramientas (“necesitamos hacer edificios usando herramientas que no sean las del amo”), tiempo (“decidas lo que decidas, mandes algo o no, digas algo o no, haz una pausa, respira, tómate tu tiempo”); vida (“la vida requiere que dediquemos tiempo a vivir, a estar vivas, a ser arrojadas a un mundo con otras personas”); notas de permiso (“dar un paso atrás cuando es necesario”); humor (“reírse de algo puede ser hacerlo más real, aumentarlo, y reducir el poder o el dominio de algo sobre ti, simultáneamente”); sensaciones (“no siempre sabemos cómo nos sentimos incluso cuando sentimos algo intensamente, echa todos esos sentimientos en tu kit); cuerpos (“tu cuerpo podría decirte que no está asumiendo lo que le pides y necesitas escuchar. Si chilla, para. Si gime, ralentiza. Somos nuestros propios kits de supervivencia”).